El privilegio de tocar un órgano centenario

El imponente instrumento situado en el coro del templo llegó a la villa noiesa en 1902


Noia / La Voz

La iglesia de San Martiño de Noia, monumento nacional desde 1931 y bien de interés cultural, es un tesoro en sí mismo, pero en su interior esconde alguno más que la mayor parte del tiempo pasa desapercibido en la inmensa nave del templo. Solo en ocasiones importantes reclama su protagonismo con las notas que le arrancan Fernando Froján y Juan José Peña, las únicas personas con autorización para tocar el órgano centenario de la iglesia. Lo explica el párroco, José Ortoño: «Só poden tocalo eles para garantir a súa conservación».

Se trata de una pieza delicada, explican los organistas: «Hai que facer un mantemento constante porque, por exemplo, cambia co tempo, no inverno baixa a afinación». Incluso la propia vibración de la tribuna de madera en la que está colocado lo desafina.

El instrumento tiene una historia propia. Llegó a Noia en octubre de 1902 después de un largo viaje que se inició en Zaragoza, donde fue construido por los hermanos Inchaurbe. Fue transportado en tren hasta Padrón, y desde allí lo cargaron en carros para trasladarlo a Noia, donde fue ensamblado, según consta en la documentación que se guarda en el archivo de la parroquia.

En las grandes ocasiones

Explica José Ortoño que, pese a su antigüedad, el órgano sigue utilizándose «nas grandes ocasións e cando a xente o pide en enterros e funerais». Después de más de cien años instalado en el coro superior de la iglesia de San Martiño, su estado de conservación es bastante bueno, a lo que contribuyen los cuidados de los dos organistas. En su día, Prudencio Romo era la persona que hacía sonar el instrumento, y hoy asumen ese papel Fernando Froján y Juan José Peña, que se turnan en función de su disponibilidad.

Ambos son músicos con una amplia experiencia y formación, aunque lamentan la dificultad para acceder a un aprendizaje reglado y especializado en este tipo de instrumento: «En realidade hai moi poucos organistas porque non hai opción de estudalo nun conservatorio, só piano», explica Froján.

Peña sí cursó la especialidad en órgano, pero para ello tuvo que desplazarse a Barcelona. «Hoxe en día é máis fácil cos teclados virtuais, e en Ourense pódese facer o grao profesional de órgano, pero para o superior teste que ir fóra». Pese al prestigio que da formarse junto a Monserrat Torrent, Juan José no vive de tocar, así que el centenario instrumento de San Martiño solo puede sonar cuando a uno de los dos se lo permiten sus ocupaciones.

Aprovechando la visita al coro de la iglesia, hacen una demostración de cómo se toca y las notas retumban en todo el templo. Juan José Peña cuenta que él es el encargado de realizar el mantenimiento del instrumento. En la tribuna, en una esquina, hay una pequeña mesa con piezas y las herramientas necesarias para realizar este cometido. Eso sirve para darle los cuidados básicos, pero para un trabajo más exhaustivo es preciso contar con una empresa especializada.

Pieza única

Tanto Peña como Fernando Froján reconocen que tocar un órgano de las características del de San Martiño es un lujo. No en vano, se trata de una pieza única que está catalogada, y es además uno de los más antiguos de la Archidiócesis de Santiago. De hecho, ocupa el puesto 21 en el ránking y es con diferencia el más vetusto de la comarca.

Cuenta además con unas dimensiones imponentes. La caja tienen más de cuatro metros de ancho por 6,30 de altura, y aunque desde la planta baja de la iglesia apenas se percibe su presencia, la envergadura del órgano impresiona una vez que se sube al coro por la estrecha y empinada escalera de caracol.

1902. El 28 de octubre de 1902 se firmó la recepción del órgano por el notario eclesiástico, Ramón Lira

1991. En los 90, el instrumento fue sometido a una extensiva restauración por parte de Luis Magaz, de Madrid. Se cree sufrió alguna actuación previa, pero no consta documentación

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