Los últimos campaneros de la comarca

Los dedos de una mano son suficientes para contar las parroquias en las que hay personas de carne y hueso que se encaraman a lo alto de las iglesias para dar la señal

La Iglesia ha sabido mantenerse a lo largo de los siglos modernizándose lo justo y necesario para adaptarse a los nuevos tiempos, y entre las pequeñas revoluciones que han vivido las parroquias en las últimas décadas se encuentra la incorporación de las nuevas tecnologías, que, entre otras cosas, han permitido liberar a los encargados de dar la señal a misa o a difunto desde lo alto del campanario del engorro de pasarse los días subiendo y bajando escaleras con la incorporación de sistema automatizados. De hecho, el oficio de campanero corre un serio riesgo de desaparecer, y los que quedan en la comarca se cuentan con los dedos de la mano.

Los más jóvenes puede que no sepan identificar los distintos códigos del tañido de las campanas, pero las personas de mayor edad sí son capaces de distinguir cuando suenan porque alguien ha muerto, porque se celebra un aniversario, porque hay fiesta o simplemente para anunciar que va a celebrarse una misa. Los metales tienen un lenguaje propio que corre serio peligro de desaparecer, aunque haya quien se empeñe en tratar de evitarlo. En Noia, el sacerdote José Ortoño explica que el sistema está automatizado, tanto en San Martiño como en otras parroquias noiesas, sin embargo, un feligrés que conoce ese peculiar modo de comunicación a través del tañido le dejó un escrito con las claves para saber interpretarlo.

Que haya campanero es hoy en día una excepción que se da, por ejemplo, en las parroquias rianxeiras de Taragoña y Araño. En esta última es José, el sacristán, el encargado de informar a los fieles de los oficios del día desde la torre de la iglesia. Pero la excepción de la excepción quizá se encuentre en Mazaricos, concretamente en la parroquia de Eirón.

Con cadenas

En este lugar del término mazaricano es una mujer, Armelinda, la sacristana, la que se ocupa no solo de mantener el templo en condiciones, sino de tocar las campanas. Lo hace desde hace unos cinco años, aunque en su caso no se sube hasta la torre, ya que cuenta con un sistema de cadenas que le permite tañer los metales desde abajo.

En alguna otra parroquia de Mazaricos cuentan también con campanero, mientras que en zonas de Muros como Esteiro, Louro y Tal es una persona la encargada de dar la señal cuando se celebra algún entierro. Esto se debe a que es un servicio que se presta por parte de las propias funerarias.

En Lousame y Bealo es excepcional que se toquen las campanas a mano, se hace, por ejemplo, en días de fiesta. De hecho, en la parroquia boirense hay tres personas que saben hacerlo.

Sin embargo, son pocas las excepciones y en la mayoría de los sitios es, desde hace años, un sistema automatizado, del que se encargan curas o sacristanes, el que los hace sonar. Y de un tiempo a esta parte hay otras aplicaciones móviles que les facilitan un poco más la vida.

A distancia

Lo explica el sacerdote Francisco Pena, que además de las boirenses de Cespón y Bealo, ha asumido buena parte de las parroquias del municipio rianxeiro, así que necesita la ayuda de las nuevas tecnologías para poder atenderlas en condiciones. No en vano, en Santa Columba de Rianxo es él quien debe hacer sonar las campanas, y lo hace a distancia desde su móvil.

Cuenta que ha instalado una aplicación que le facilita el trabajo: «Se non tivera isto tiña que ir seguido a Rianxo para tocalas. Así xa podo facelo desde o propio teléfono».

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