El berberecho busca en sus genes una señal para decir que es gallego

Los trabajos de la Universidade de Santiago podrían servir de base a una futura DOP

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redacción / la voz

Berberecho de Noia. Pesca artesanal. Así saldrá etiquetado el marisco estrella de Noia la próxima campaña si es que la temible burocracia no lo impide y se cumplen los plazos de tramitación estimados. Ese distintivo de calidad es la parte más modesta de una iniciativa mucho más ambiciosa, Valober.GAL, que persigue desenmascarar con técnicas genéticas a todo aquel bivalvo que se pretenda hacer pasar por croque, ya no de Noia, sino de cualquier punto de Galicia. Una empresa que roza la codicia cuando se plantea que constituya el primer paso para sustentar la denominación de origen protegida (DOP) del berberecho que anhelan la Cofradía de Noia y otras de su entorno.

El trabajo, que concluirá en el 2018, lo explicará con mayor detalle Javier Quintero, del laboratorio de sistemática molecular del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidade de Santiago de Compostela en la próxima edición -la número 20- del Foro Acui, esa cita anual paralela a la Festa do Marisco de O Grove que profundiza en la biología, la explotación y otras cuestiones de eso que después se exalta y deglute en casetas y restaurantes de la localidad. Ese equipo se afana para dotar al berberecho de la costa gallega (Cerastoderma edule) de una identidad propia y diferenciada en el mercado mediante un marcador de su origen geográfico.

El objetivo último es conseguir una prueba analítica, de aplicación rutinaria, para diferenciar la procedencia del bivalvo. Con eso, no cabría dudas de si se está ante un berberecho gallego o de otro que finge el acento. Y la idea es que la muestra «se pueda tomar en cualquier punto del proceso de producción, explotación o comercialización, incluso en un plato precocinado, y comprobar a través de un sencillo test si se corresponde con el origen geográfico que se detalla», explica Quintero.

Poblaciones diferenciadas

Ni que decir tiene que para eso se necesitan emplear técnicas genéticas, que es precisamente en las que están trabajando ahora en el laboratorio universitario. Hay berberecho desde el norte de Europa hasta la costa africana del Atlántico, y es posible diferenciar a nivel genético el que crece en el norte -en Holanda o en Escocia, por ejemplo-, que el que habita más al sur, entre el que se encuentra el de Galicia, Francia o Portugal. Sin embargo, lo más interesante a nivel comercial, que sería poder distinguir si se trata de un berberecho de Noia, de un berbigão de Aveiro, o de un coque de La Baule, no es posible. Por ahora. Confían en que pronto lo sea. Y lo será si prospera esa investigación pionera que ha tenido que recurrir al análisis de los microbios que presenta cada ejemplar en el intestino para tratar de dar con ese rasgo diferencial.

Las cofradías aseguran que ese marcador de identidad se hace cada vez más necesario. Desde Noia aluden a los decomisos habidos de almeja y berberecho de Portugal que venían a Galicia para hacerse pasar por gallegos. Y mucho se temen los profesionales que esas kilos incautados sean solo «a punta do iceberg».

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