Sucesión de robos en campos de fútbol para sustraer botines de ínfimo valor

Las directivas de los clubes afectados están superadas por los problemas que les generan


RIBEIRA / la voz

Los campos de fútbol se han convertido en auténticos objetivos prioritarios de los ladrones, que, saltando de municipio en municipio, entran cada semana en uno de estos recintos deportivos para llevarse apenas nada que tenga valor. Tal vez, los autores de estos delitos presupongan que tras la barra de las cantinas encontrarán la recaudación de la taquilla de toda la temporada, pero la realidad es que dentro de esos pequeños bares únicamente hallarán unas cuantas bolsas de gominolas o, en el mejor de los casos, de patatas fritas con sabor a jamón. El campo de San Lázaro, feudo del Noia, fue ayer el último objetivo de estos cacos de perfil muy bajo, lo cual no quita que, dejando a un lado el valor raquítico de sus botines, generen un sinfín de preocupaciones a los responsables de las entidades, que están ahí de forma altruista.

En A Fieiteira, y de forma histórica, también existe la costumbre de entrar por la noche y sin permiso de forma periódica. El resultado, en este caso, es igual de decepcionante. Tan solo en alguna ocasión se aumentó el valor del botín al incorporar cierto material deportivo que, en el caso de lograr venderse de segunda mano, podría incrementar en varias decenas de euros el valor de la mercancía sustraída.

En Rianxo, concretamente en la parroquia de Asados, el campo de fútbol de Vilas también fue objeto de otro robo hace unas tres semanas. Los cacos, según explicaba ayer un portavoz del club, ya habían accedido al recinto cuando una patrulla de la Policía Local, que recorría el perímetro en ese momento y por casualidad, vio un coche estacionado que generó sospechas. Al acceder al campo, los agentes lograron evitar que el robo se ejecutara en su totalidad y lograron recuperar buena parte del material deportivo que los amigos de los ajeno querían sustraer.

La situación en el municipio pobrense es mucho peor. Basta decir que en el último año, y solo cogiendo como referencia el campo de A Alta, hubo hasta cuatro intentos de robo, según explicaban ayer en la Policía Local, que, a la vez, confirmaba que los botines de cada delito tuvieron el mismo valor reducido de otros campos ubicados en el resto de la comarca.

El caso más dramático

La situación que atraviesa el Lesende, en Lousame, en lo referido a robos es digno de estudio. Ayer, un integrante de la directiva explicaba que, desde hace bastante tiempo están denunciado una sustracción al mes. «Esto es insoportable, llevan todo lo que pueden y lo peor es que no encontramos respuesta», explican en la directiva.

En Porto do Son, por ejemplo, hace un mes y medio un grupo de ladrones accedió al campo y robó el cableado de las torres de iluminación. Con anterioridad, y según explicaba ayer la presidenta del club, forzaron puertas y se llevaron hasta una cocina.

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