Auténticas estrellas de la carretera

Padre e hijo manejan el volante?con maestría y acumulan cientos?de premios en ralis de toda España


carballo/la voz.

Manuel Senra Caamaño está acostumbrado a empezar de cero. En 1980, recién cumplida la mayoría de edad, abrió en su Olveira natal un taller de reparación de vehículos al que le puso su nombre. Iba, como quien dice, con una mano delante y otra detrás: «Era un local de cen metros cadrados e só tiña un elevador e unha caixa de ferramentas», recuerda. Tenía tanta ilusión que no le importó trabajar día y noche, y ese esfuerzo se vio recompensado.

En 1987 convirtió su pequeño taller del municipio de Dumbría, que hoy ocupa más de 2.000 metros cuadrados, en el servicio oficial de Peugeot en la zona, y en el 95, ya metido de lleno en el mundo de los ralis, le cambió el nombre a la compañía por el de Senra Sport, muestra de que su carrera deportiva también iba muy en serio.

En los ralis también empezó de cero, por pura afición, porque era lo que realmente le gustaba y porque Manuel Senra ha demostrado con creces que jamás se rinde. «Comecei en 1983 nos karts e en 1985 paseime aos coches. O primeiro que tiven, un Renault 5, compreino a medias con cinco amigos. Custou un millón duascentas mil pesetas e eu puxen a metade», cuenta. Fue una apuesta arriesgada, pero volvió a dejar claro que con trabajo todo es posible. Y vaya si lo es. A sus espaldas, un impresionante palmarés: más de 40 victorias absolutas en Galicia en la modalidad de asfalto, con cinco títulos de campeón consecutivos entre el 2001 y el 2005, a los que sumó otro de tierra y otro más de montaña. Y a pesar de que su currículum deportivo es impresionante, Senra padre le quita importancia: «Eu só son un afeccionado», dice. «Víctor é moito mellor ca min», añade con orgullo.

El relevo

«Eu tíveno moito máis doado», asegura el hijo. Él cogió un volante por primera vez (también el de un kart) con solo doce años, y a los catorce se convirtió en el subcampeón gallego de karting en la categoría júnior. Al cumplir los dieciséis debutó en autocrós con un Peugeot 106 y en cuanto se sacó el carné de conducir se echó a la carretera, donde se ha convertido en uno de los pilotos más prometedores.? Desde entonces no ha dejado de acumular trofeos, y la pasada temporada se convirtió en el subcampeón absoluto de la copa Producción Rallye Racing, una de las pruebas más importantes de España.

«Quedou a só un segundo do primeiro», se lamenta Manuel, ya que el primer puesto le hubiese supuesto hacerse con un coche propio. No pudo ser, así que Víctor continúa alquilando el Mitshubishi Lancer Evo X con el que compite. «Ao quedar segundo o ano pasado ten axuda do preparador, pero aínda así segue a ser un deporte moi caro», explica Senra padre, quien reconoce que él, aunque tiene cuatro coches propios (ahora utiliza, sobre todo, un Peugeot 306 Maxi) sigue participando en ralis gracias a la ayuda de los patrocinadores. «AD Regueira e Gestoría Pousa levan comigo dende hai moito tempo, así que cubro gastos», explica el veterano piloto.

Ese es precisamente el hándicap del deporte que los dos Senra adoran. «É moi caro, carísimo», dicen casi al unísono. Por eso, Manuel no puede evitar entristecerse al hacer un repaso de la temporada que está haciendo su hijo. «Tivo moi mala sorte, porque o coche rompeulle en dúas probas», explica. Le duele, porque está convencido de que Víctor tiene muchas posibilidades en la competición profesional. «É un piloto moi completo e a miña esperanza é que algunha empresa se fixe nel e que lle paguen por correr», añade.

Por separado

Manuel y Víctor han corrido muchas veces en los mismos ralis, aunque en distintas categorías, pero jamás se les ha pasado por la cabeza compartir vehículo. «Ningún dos dous valería de copiloto, así que sería imposible. Eu non podo ir de copiloto nin nun coche normal», zanja el padre, al tiempo que añade que «ningún piloto vale para copiloto», un papel, dice, para el que hay que reunir unas características especiales. «Xogan un papel fundamental. Nós levamos o volante, pero sen eles non poderiamos facer nada», explica.

A padre e hijo les gusta la velocidad, a la vista está, y ni siquiera los accidentes, que también los ha habido en sus carreras deportivas, les han hecho perder la pasión por ella. «Nunca houbo nada grave», indica Víctor, pero Manuel recuerda que en una ocasión en una prueba celebrada en Noia se llevó un buen susto. «Rompín tres costelas, pero era moi novo e non tiña medo», se ríe.

La velocidad, eso sí, la dejan para la competición. «Para correr están os circuítos ou os ralis», concluye Manuel, quien mantiene intactos los puntos de su carné. «Na estrada hai que estar moi tan atentos», añade Víctor. Él sí que ha perdido alguno, pero ninguno, especifica, por pisar de más el acelerador. Eso lo deja para seguir subiéndose a los podios.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos

Auténticas estrellas de la carretera