Una segunda vida para las discotecas

Muchas se convirtieron en supermercados, comercios y bloques de pisos

.
Sande Alvite
Ribeira / la voz

Durante varias décadas la comarca vivió una época dorada de la movida y no había municipio donde no proliferaran las discotecas que, dependiendo del día del fin de semana y de la moda del momento, se abarrotaban de jóvenes que llegaban de toda la provincia para disfrutar de las noches de marcha. Pero todo se acaba, y la caída del tejado de la discoteca Bumerang esta semana ha venido a simbolizar la situación que atraviesa el sector, en el que de las cerca de medio centenar de salas de baile que llegó a haber en toda la zona apenas quedan en activo un par de ellas, y una solamente abre sus puertas durante el verano.

El resto han pasado por muy distintas fases, y aunque en algunos casos se intentaron reflotar con la llegada de nuevos propietarios y un cambio de nombre, lo cierto es que finalmente acabaron cerrando sus puertas. Otras tuvieron mejor fortuna y han logrado tener una segunda oportunidad aprovechando los amplios locales con los que contaban y una privilegiada ubicación. Este es el caso de la sala O Paraíso de Muros, que en el año 1990 transformaba la pista de baile en un supermercado, un cambio de actividad que incluso sirvió para que el grupo de teatro Chévere le dedicase una obra. De la misma forma acabó Prismas en Noia (también conocida como Nu2), que cambió la cabina de música por las estanterías de alimentos. También en esta localidad triunfó durante años Tubos, que finalmente se derribó y dejó paso a un moderno bloque de viviendas, la misma salida que tuvieron muchas otras salas de fiestas de la comarca.

Tiendas y bancos

Un taller de costura, un almacén de aluminios y finalmente una tienda agrícola ocuparon las antiguas instalaciones de la discoteca A Picota de Mazaricos, que en su época fue una de las más populares de la zona junto con la de Pino de Val, que aunque ahora permanece cerrada sirve para celebrar algunos actos políticos de fin de campaña.

Por la discoteca Zorba de A Pobra, situada frente a los jardines Valle-Inclán, llegaron a pasar multitud de cantantes y grupos famosos de las décadas de los 60, 70 y 80. Luego fue ocupada por todo tipo de negocios, desde una hamburguesería a un locutorio, o una entidad bancaria, y en la actualidad da cabida a una tienda de deportes, a una copistería y a una academia educativa. No muy lejos de ella se encuentra la Sala Madrid, que luego fue Onda, Gran Vía y un sinfín de nombres más hasta que hace unos años cerró sus puertas como discoteca para reabrir como un negocio de animación infantil. La otra gran sala pobrense, Bumerang, se encuentra en ruinas y su futuro pasa por el derribo y la creación de una zona verde de ocio y esparcimiento.

Mejor futuro tendrá Hesta Kurva, un edificio que también está muy deteriorado y que el Ayuntamiento de Ribeira adquirió para convertirlo en la nueva residencia de la tercera edad.

Cerca de cincuenta salas de fiesta reinaron durante los años de la movida barbanzana

Antonio Lijó

En la comarca germinaron durante décadas multitud de discotecas y Ribeira fue uno de los municipios donde se localizaron un mayor número, aunque no todas coincidieron en el tiempo. Empezando por Cambeiro y siguiendo por Tótem, Tuti Fruti, Samba, Claqué, Top, Hesta Kurva o la sala de baile de Coroso, en donde llegaron a actuar artistas de gran prestigio de los sesenta y setenta, como el Dúo Dinámico o Camilo Sesto, todas ellas tuvieron su momento de gloria, que una vez que pasó les obligó a cerrar sus puertas.

En Boiro también supieron prolongar la época dorada de la movida con un sinfín de negocios que coparon los sábados de marcha durante años. Suki, Dike, Disco 3, Tonos, Dogma, Frama, Scream... se fueron sucediendo en el tiempo y cambiando varias veces de nombre para intentar atraer a un mayor número de clientes. Asimismo, la noche noiesa brilló con luz propia de la mano de multitud de locales de música capitaneados por Kuskus (ahora Gymare), S20, Zona Sur, Mandingo (Caracol), Prismas, Tubos y Os Pasales. Precisamente, la inauguración de esta última marcó un antes y un después en su época, ya que eclipsó a todas las salas de baile que hasta entonces existían en la comarca muradana. De hecho, tras la puesta en marcha de la discoteca noiesa fueron echando el cierre las que había en O Pindo, Carnota, Louro, Esteiro, O Cruceiro, A Serra, Paxareiras y A Picota.

Seguir leyendo

Una época dorada que marcaron Bumerang y Tótem

Antonio Lijó

Corría el año 82 y los más y menos jóvenes teníamos para disfrute el domingo, puesto que eran tiempos de salidas prontas y acudíamos a la antigua sala de fiestas Cambeiro, que mezclaba música en vivo con música disco. Muy pronto y al alimón, la discoteca Tótem irrumpió con una fuerza tremenda y se solapó a Cambeiro, y ya la marcha se dividía en dos zonas: el Callejón y As Carolinas, donde el mítico Costa Oeste, uno de los pubs más preciosos de todos los tiempos con salida a la playa y la mejor música, era el centro de la diversión.

Seguir leyendo

Votación
9 votos
Comentarios

Una segunda vida para las discotecas