La comarca conserva todavía 163 kilómetros de tuberías con amianto

Además de la toxicidad, las roturas son el principal problema de estas canalizaciones

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Ribeira / la voz

La distancia que hay entre la ciudad de Ribeira y la de Ourense. Esa es, kilómetro arriba, kilómetro abajo, la longitud de las tuberías de fibrocemento que todavía se conservan en el subsuelo del territorio barbanzano. Ahora se sabe que este material tiene un componente tóxico, el amianto, pero cuando se instalaron las primeras redes de saneamiento y abastecimiento era el más utilizado, y de aquella época todavía queda una amplia herencia. Concretamente, 163.227 metros de tubos que serpentean a lo largo y ancho del conjunto de los 11 municipios de la comarca.

Solo hay un par de excepciones, dos términos en los que no existe ni un centímetro de tuberías de fibrocemento. Se trata de Lousame y Mazaricos, mientras que en Carnota y Muros únicamente se encuentra en las redes de abastecimiento y no en el saneamiento. Una de las razones que explican que los concellos más rurales no cuenten con este tipo de material en sus servicios básicos es que tanto la red pública de suministro de agua como el alcantarillado llegaron más tarde que a los municipios urbanos y ya se empleaba otro tipo de componentes.

De hecho, la antigüedad de las canalizaciones con amianto es uno de los problemas más recurrentes hoy en día a la hora de asumir el mantenimiento de las redes, debido a las frecuentes roturas que se producen en las mismas. Estos incidentes son aprovechados por los gobiernos locales para ir sustituyendo tramo a tramo los tubos de fibrocemento por otros materiales.

Coste elevado

El alcalde de Noia, por ejemplo, explicaba que es imposible acometer la retirada de las tuberías antiguas de una tacada. En este caso, son casi 28 los kilómetros de canalizaciones que habría que cambiar: «Hai que facelo de forma paulatina porque supón un custo elevado. Onde se producen avarías, tanto no saneamento coma no abastecemento, vanse substituíndo as vellas tubaxes por outras máis modernas».

Esta fórmula la aplican todos los concellos, que también aprovechan las obras de pavimentación para renovar los servicios básicos. De este modo, en Boiro, aunque todavía quedan 24,6 kilómetros de fibrocemento, en los últimos años se han retirado unos ocho mil metros de tubería con amianto: «En cada actuación de pavimentación imos renovando. Xa cambiamos canalizacións en Cabo de Cruz, a avenida da Constitución, Compostela, Dereitos Humanos... Coa obra que se está facendo agora vaise retirar a do río Breiro e en outubro tamén se vai cambiar a da rúa Francisco del Río Romero», comenta el regidor boirense.

En el proceso para la retirada del fibrocemento se aplican medidas de seguridad específicas

Uno de los componentes del fibrocemento es el amianto, un mineral tóxico. Técnicos dedicados al mantenimiento de las redes de servicios básicos señalaban que su principal peligro son las partículas que se inhalan cuando se rompe o se corta, por lo que, para su retirada, se aplican medidas de seguridad específicas.

Para empezar, los operarios van equipados con buzos, guantes y mascarillas que se tiran nada más finalizar la retirada de las tuberías. Y el material se plastifica y se transporta en tráileres dedicados a esa función debidamente señalizados con el indicador de sustancias peligrosas. Además, a la hora de manipularlo, se emplean sierras en lugar de radiales y se echa agua para evitar el polvo en suspensión.

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En licitación

Otro gobierno que acometerá de forma inmediata una intervención de este tipo es el de Rianxo. El alcalde, Adolfo Muíños, señaló que ya está en proceso de licitación una obra en la calle Irmáns Insua.

El rianxeiro es de los pocos municipios que cuenta con mayor presencia de fibrocemento en la red de saneamiento, mientras que en el resto es en el abastecimiento donde quedan más metros de tubería, destacando Ribeira con casi 34.000. En la empresa encargada de gestionar el servicio explican que es lo habitual por las características del material: «Cando empezou a usarse o fibrocemento era o que máis presión aguantaba, por iso se aplicou no abastecemento, porque os sumidoiros funcionan por gravidade e non necesitan presión, así que se colocaron tubaxes de formigón que era máis barato».

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