¡Este sí que es un buen peixe!

Diez restaurantes de A Costa da Morte y de las comarcas de Muros y Noia forman parte del proyecto Km. 0 Margalaica, que garantiza que los pescados y mariscos que se sirven en estos locales proceden de las lonjas gallegas y que se capturan mediante técnicas artesanales

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Escribía Gabriel García Márquez que «el amor es tan importante como la comida, pero no alimenta». Pocos rebatirán su tesis. Quedan escasos placeres que alcancen el deleite de saborear un plato cocinado con pasión, cariño y que cuente con el mejor producto posible. Sobre este último punto, una decena de restaurantes de A Costa da Morte y de las comarcas de Muros y Noia han dado un golpe sobre la mesa. En sus cartas, y en su filosofía, han apostado por el género local, por las especies que brotan y dan vida a sus preciadas rías. Ellos forman parte del sello Km. 0, distintivo que garantiza el uso de pescado y marisco gallego, capturado expresamente con métodos artesanales. Aval absoluto de calidad, sabor y éxito.

El hostelero José Manuel Blanco ha dado este paso y explica las líneas maestras del plan. En su Don Bodegón, situado a metros de la lonja de Muros, sus clientes pueden degustar los manjares capturados por los marineros locales. «Temos a obriga de promover as delicias destas rías. A súa frescura e calidade son valores que nos diferencian e que a xente agradece», confiesa, a la vez que afirma que buena parte de su público se ha acostumbrado al pescado de las frías y fértiles aguas galaicas: «Un porcentaxe alto da xente xa che pregunta que cousas tes de aquí. Prefiren comer un peixe que non tiñan en mente, aínda que sexa máis caro, sempre que sexa da zona».

El proyecto

El sello Km. 0 Margalaica es una iniciativa creada por el Grupo de Acción Local Pesqueira 4 Seo de Fisterra-Ría Muros-Noia, que busca acentuar ese valor añadido que aporta el producto de las lonjas gallegas. Casa Peto, Praia de Quenxe, As Hortensias, O Fragón, O Recreo da Costa da Morte, Pepe do Coxo, O Freixo, O Ribeiro y Xouba son los otros nueve restaurantes que tienen este distintivo colgado en sus puertas.

«Hai clientes de fóra que chaman antes de vir, pídenche que lles traias algo concreto, por exemplo un rape ou unha robaliza. Eu vou un par de veces á semana pola lonxa a botar unha ollada. Tes que controlar o que hai para saber o que vas a comprar», asegura Blanco, quien está convencido de que vender género de baja calidad resta, aunque a priori se le gane más dinero: «Á larga non merece a pena, prefiro dicirlle que non hai certa especie e ofrézolle outra que sei que é de primeira calidade. Ao final, os que viñan coa idea de comer unha pescada, acaban probando o linguado e vanse máis contentos do que entraron».

El hostelero confía en ese objetivo común que lo une a todos los colegas del proyecto Km. 0: «Estamos avanzando. Hai xente que non se fixa no produto, pero confío que á larga vaise a notar. Se seguimos apostando polo peixe e marisco de Galicia estou convencido de que todos creceremos».

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