Desiré Kouakou: «El caldo me sale muy bien»

El arcipreste de Duio dice que siente morriña de su país (Costa de Marfil) y se muestra optimista frente al futuro de la iglesia


Dice que no se le dan bien los idiomas y admite que, tras 15 años en Galicia, todavía tiene sus dificultades con el castellano. En lo demás, se defiende de maravilla. Desiré Kouakou (Costa de Marfil, 1972), aquel cura exótico de Mazaricos, es ahora el arcipreste de Duio, sigue desbordando alegría y representa como pocos el futuro de la Iglesia gallega.

-¿Cómo está llevando estos tiempos difíciles?

-Como todos, estoy algo desconcertado, pero tenemos que analizar lo que está pasando y levantar la cabeza. Si no lo hacemos, el miedo hará que nos lleven por donde no queremos. Y ser positivos, porque esto va a pasar. Hay que levantar la cabeza; no podemos dejar que la pandemia nos deshumanice.

-Ya es usted arcipreste. ¿Cómo lo lleva? A veces se vive mejor con menos responsabilidad...

-Cuando llegué a Mazaricos fue una realidad nueva para mí y los vecinos vieron mi fragilidad: me acogieron y me ayudaron. Luego me trajeron a Cee, con ocho parroquias y con más responsabilidad. Ahora conozco un poco más la realidad gallega, la gente. Más responsabilidad es más carga, pero también te permite crecer. Y aquí he crecido. A veces las situaciones son complicadas, pero me han permitido ver mis debilidades. Y Dios ha puesto personas siempre a mi lado para poder ayudarme. En mi tierra se dice que aunque la lengua y los dientes viven siempre juntos, a veces los dientes muerden la lengua, ja, ja.

-A todos nos gusta pensar que no somos racistas, aunque a veces... ¿Ha sentido usted el racismo?

-Esta ha sido tierra de emigrantes. Cuando regresan hay dos posturas: gente que dice «Yo he sido emigrante y como no ha sido fácil para mí, cuando veo a una persona que viene de fuera, la ayudo». Pero hay otras personas que dicen: «He sido emigrante y he sufrido, por eso el que viene ahora a mi tierra, tiene que sufrir como yo sufrí». Racismo hay en todos los sitios. Alguna vez lo he notado, pero no te puedes dejar llevar por esas personas, sino por las buenas y generosas. Y hay bastantes. Aquí he vivido momentos muy difíciles y he escuchado comentarios que me han hecho mucho daño. Pero seguimos adelante.

-¿Cuántas misas da a la semana?

-Los sábados, tres; los domingos cuatro o cinco y, durante la semana, voy a las parroquias. En total, unas catorce misas.

-¿Viaja de vez en cuando a su país?

-Sí, porque tenemos la oenegé Egueire e íbamos a ver los proyectos, pero con el coronavirus y el problema político que hay allí, no he podido viajar. Antes iba dos o tres veces al año.

-¿Sentía el impulso de quedarse?

-Sí, claro. Nunca pensé que me quedaría en Galicia pero los caminos del Señor son insondables. A veces analizo para mí que yo me ordené un 24 de julio y al día siguiente di mi primera misa... ¿entiende?

-...

-¡El día de Santiago Apóstol! Y en la tierra de Santiago me quedé. Estar aquí, con la falta de curas que hay, es una manera de devolver lo que nos enseñaron.

-¿Qué es lo que más echa de menos?

-Todo. Me encanta la palabra morriña [pronuncia moriña]. Yo la tengo a veces.

-¿Y qué es lo que más le gusta de Galicia?

-Pues todo. La generosidad de la gente, el cariño. Estuve en el interior y ahora estoy a la orilla del mar, mezclando todo, está muy bien: la comida, la fiesta... todo, ja, ja. Y la manera de cuidar a sus difuntos.

-Pero esa forma de vida más rural, más tradicional, está desapareciendo.

-Sí, pero quizás para que surja algo más bello. Un cura ahora, por ejemplo, va corriendo de una parroquia a otra, no tiene tiempo ni para hablar con los vecinos. Pero de esta despoblación, de esta falta de curas, ¿no puede surgir algo más bonito, una nueva relación?

-Ahora muchas celebraciones son sin cura. Y creo que a los parroquianos eso les gusta menos.

-En África las cosas empezaron al revés. No había curas. Y se crearon pequeñas comunidades con un jefe de la parroquia que hacían la celebración de la palabra los domingos. Y aquí, con la falta de curas, hemos tenido que poner en marcha ese sistema. A la gente no le gusta, pero no quiere decir que esté mal. Es solo porque no están acostumbrados. Mire cómo se expandió el cristianismo por todo el mundo y eran solo doce apóstoles.

-No sé yo.

-Le digo otra cosa. ¿Cómo se desplaza la gente al supermercado, al médico? ¿Por qué la gente no se desplaza para celebrar con los demás? Para los entierros lo hacen. Aunque tengan que buscar un taxi. Hay que dejarse de tanto parroquianismo para buscar algo más grande, más universal

-¿Celta o Dépor?

-Ja, ja. ¿Qué digo?

-La verdad.

-Dépor.

-Defínase en cuatro palabras.

-¡Qué difícil! Soy una persona positiva, creyente, humilde y generosa.

-¿Sabe cocinar?

-¡Siiiii!. Le invito un día a comer. Mi madre es quien cocina en casa, pero yo también sé. Cocina africana, francesa, gallega...

-De la gallega, ¿qué se le da bien?

-El caldo me sale muy bien. Ya hace mucho que estoy aquí, ¿eh?

-Pero no habla gallego.

-Es que soy muy malo con las lenguas. Mire el tiempo que llevo aquí y cómo chapurreo el castellano. Entendo o galego, pero falar cóstame un poquito.

-¿Qué tal se defiende con las redes sociales?

-Solo tengo WhatsApp. No estoy metido en las redes sociales. Es algo bonito, pero muy peligroso, así que prefiero tener cuidado.

-Cuando tiene tiempo libre, ¿qué le gusta hacer?

-Por las mañanas voy al gimnasio y también aprendo a nadar. El monitor dice que voy bien comparado con los jóvenes, porque no sé nada y me dejo guiar y así se avanza más rápido, ja, ja. Pasa igual con la fe. Hay gente que cree que sabe, que tiene una pequeña idea, pero no sabe nada y no se deja guiar. También me gusta leer y estudiar. No te puedes quedar atascado en la vida.

-Dígame una canción.

-Uff. No sé. Algo de Mozart.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Hacer a la gente feliz.

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