Veinte ayuntamientos aglutinan la mitad de la producción láctea gallega

El concello coruñés de Mazaricos lidera el ránking con 110 millones de litros anuales


redacción / La Voz

La producción láctea es la actividad agroganadera más extendida por todo el territorio gallego. Y, aunque existen explotaciones lecheras en dos de cada tres municipios, solo una veintena aglutinan casi la mitad de la producción.

Su localización geográfica resulta relativamente sencilla pues se ubican, de forma mayoritaria, en cuatro comarcas del norte de Lugo y Pontevedra y del interior de A Coruña. Se trata de A Terra Chá (A Pastoriza, Castro de Rei, Cospeito e Guitiriz), Deza (Lalín, Rodeiro y Silleda), Ordes (Frades, Mesía y Trazo y Tordoia) y Xallas, que engloba los municipios de Santa Comba y Mazaricos. Este último concello es, según los últimos datos facilitados por la Consellería do Medio Rural, el primero de Galicia por volumen de producción, con más de 110 millones de litros entregados a la industria el pasado año.

Todos estos ayuntamientos son, junto a otros como Sarria, Arzúa o Chantada, el ejemplo de la especialización que está viviendo la ganadería en Galicia. De hecho, el actual mapa lácteo de la comunidad apenas se parece al que existía hace poco más de un cuarto de siglo, cuando el censo de explotaciones rondaba los 70.000 efectivos, repartidos por prácticamente toda la geografía gallega. Bien es cierto que con una décima parte de las granjas -a día de hoy siguen en activo unas 7.400- casi se ha logrado duplicar la producción pasando del millón y medio de toneladas de 1994 a los 2,7 millones registrados el año pasado.

La desaparición de las cuotas lácteas en marzo del 2015 ha supuesto un importante punto de inflexión para el sector productor gallego, que en solo tres ejercicios ha incrementado su nivel de entregas de materia prima a la industria en un 12 %, más del doble que el conjunto del Estado. Este incremento de la producción ha sido muy significativo en los principales 25 ayuntamientos lácteos de la comunidad donde se ha disparado por encima del 23 %, tres veces más que el registrado por el conjunto de las principales regiones lácteas europeas.

Paradójicamente, esta evolución al alza de los volúmenes de leche se produce en un contexto donde los precios en origen han sido bajos si se comparan con los que se registraban antes de la desaparición de las cuotas o con los que se dan actualmente en el resto del continente. De hecho, la comunidad es de las que registra los pagos en origen más bajos de toda Europa con diferenciales que, en momentos puntuales, llegan a superar los cinco céntimos por litro. Esta desigualdad supone, en términos económicos, dejar de ingresar, como mínimo, más de 50 millones de euros cada año.

Factores determinantes

Aunque son varias las razones que justifican, según los expertos, las importantes diferencias de precios que se registran entre la leche gallega y la del conjunto de Europa, el desarrollo del tejido cooperativo y la orientación de la industria transformadora aparecen como dos de los factores más determinantes. Tanto es así que las mejores cotizaciones se detectan en aquellas regiones donde existe una mayor implantación de cooperativas lácteas, como es el caso de Friesland Campina en Holanda o Sodiaal en Francia. Todas actúan en las diferentes fases de la cadena láctea, concentran una importante cantidad de leche y la transforman en productos de alto valor añadido.

Todo lo contrario sucede en Galicia, donde la industria láctea apenas ha reorientado su actividad en los últimos años, y sigue centrada en el envasado de leche en brik, en un porcentaje muy elevado para marcas de distribución (blancas). Las cooperativas, por su parte, apenas tienen peso en el sector hasta el punto de que la de mayor tamaño Clun -nacida de la unión de Feiraco, Melisanto y Os Irmandiños- apenas recoge un 6 % de la materia prima.

Tierra y mano de obra, claves para seguir creciendo 

Aunque la vocación láctea de Galicia está fuera de toda duda (la comunidad produce el 40 % de toda la leche española y ya es la octava región a nivel europeo) el sector debe hacer frente a importantes retos para seguir manteniendo su actual posición de dominio. Entre ellos, los expertos señalan la necesidad de que las granjas aumenten su base territorial y puedan cultivar la mayor cantidad posible de alimento propio -el 55 % de los costes actuales de producción de un litro de leche se los lleva la alimentación de los animales-, con el fin de evitar, en la medida de los posible, la compra de forraje o piensos foráneos. Se da la circunstancia de que, durante la última década, la comunidad ha perdido más de 140.000 hectáreas de superficie agraria útil, terreno que en su mayor parte se ha destinado a un uso forestal de bajo rendimiento económico. Actualmente las 7.400 ganaderías lácteas gallegas utilizan para su actividad unas 250.000 hectáreas de terreno, apenas el 9 % del total del territorio.

La ausencia de mano de obra cualificada es otro de los problemas a los que, ya actualmente, se enfrentan muchas explotaciones ganaderas, incapaces de encontrar personal para, por ejemplo, las labores de ordeño y cuidado de los animales. Esta circunstancia está provocando que muchos productores opten incluso por la contratación de inmigrantes para realizar estos trabajos.

En este sentido, distintos agentes del sector demandan la puesta en marcha de medidas que ayuden, ya no solo a la incorporación de jóvenes al sector, sino a que personas ajenas empiecen a verlo como una oportunidad laboral. Los expertos señalan la necesidad de reformar y potenciar los diferentes ciclos de formación agroganadera para adaptarlos a las necesidades actuales.

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