La carretera que nunca quiso el puente de A Ponte Olveira

Las obras del 1962, entre otras, desvirtuaron esta obra de ingeniería


cee / La voz

La conversión del puente de A Ponte Olveira, muy probablemente de origen medieval, en una parte de la carretera que hoy es la vía provincial DP 3404, cuyo primer tramo se construyó por el lado de Mazaricos en los años 30, supusieron una alteración más que notable de esta histórica obra de ingeniería civil.

El ingeniero de Caminos Antonio González, el arqueólogo Ángel Concheiro y la restauradora Laura García, que elaboraron para la Deputación uno de los informes destinados a persuadir a Patrimonio para autorizar obras en el puente, detallan muchas de estas modificaciones y también los males que sufre actualmente la estructura. El trabajo, que ha sido aceptado en la parte de conservación, no así en la de construir pasarelas laterales, como pretendía el gobierno provincial, detalla que la fisionomía del viaducto sufrió un gran cambio de fisonomía que se sustenta en: «reforma da rasante facéndoa plana e empalmando cos muros de acompañamento, construción de novos estribos e ampliación da calzada, total desmantelamento do coroamento da superestrutura, desmontando peitorís, fiades superiores de paramento, tallamares e pezas de remate...».

Destacan los expertos, que califican de «infausta», la intervención del año 1962, que «tamén esnaquizaron o fermoso lastrado orixinal de lousa e chapacuña» o que «os tallamares, esnaquizados en parte, prolongáronse en altura nunha serie de pináculos ou remates prismáticos de corte historicista, un detalle con resaibos eclécticos máis propios dunha obra de estilo isabelino».

Al margen de todas esas afrentas a la obra original, que poca solución tienen que no sea hacer un puente nuevo e recuperar la esencia de este, los técnicos detectan cuestiones que son corregibles y que entrarían en ese proyecto de cerca de 200.000 euros que proponía la Deputación.

Por ejemplo, los juntas de las piezas de cantería están en parte encintadas con mortero de cemento, con gran contenido en elementos que, disueltos en agua, alteran el granito. La colonización biológica, que va desde líquenes y musgos a auténticos árboles provoca «fractura mecánica e mineral». El estado de los muros de acompañamiento es deficiente, la losa de hormigón está fracturada y filtra agua y, además, proliferan todo tipo de añadidos, a modo de vallas o cartelería que no guardan armonía estética alguna.

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