Una boda perfecta con homenaje a Galicia

María José Castro Méndez y Juan Gil González contrajeron matrimonio en la iglesia de San Martiño


Ribeira / La Voz

La boda entre María José Castro Méndez y Juan Gil González no supuso solo la consagración de su amor, sino la de sus familias con Galicia. Natural de Lousame, el empresario y padre de ella, José Manuel Castro, puso todo su empeño en esta celebración, que tuvo lugar en el templo noiés de San Martiño y que, a raíz de las distintas procedencias de los invitados, funcionó como perfecto homenaje a Galicia y a su tierra.

La vinculación de su esposa, Marta Eugenia Méndez Larín, con Ortigueira y el hecho de que la familia del novio es catalana terminaron por hacer imprescindible el viaje a la comarca para disfrutar de este gran día. Hasta el sacerdote que se encargó de oficiar la boda se trataba de un antiguo amigo, el padre Eladio, quien en el pasado fue párroco en la Estación de Vigilancia Aérea de O Iroite (EVA-10).

No se trató de un evento cualquiera, ya que el íntimo enlace contó con una lista de invitados con nombres de sobra reconocidos. Entre ellos estuvo el del empresario Jaime Veiga -propiedad de la cadena de pulperías Can Lampazas en la Ciudad Condal-, pero también el de genios del mundo de la restauración barcelonesa como Juan Miramonte (O Pelegrino), José Rodríguez (A Lubina) o Germán García Diéguez (Cantabria).

Entre los presentes también hubo relevantes personalidades de la zona, como el pintor Alfonso Costa Beiro y la poetisa Eva Veiga, el empresario Alfonso Mayo o el dueño de la firma lousamiana Autos Comparado, Manuel Rodríguez Mayo. Precisamente, la novia y su padre llegaron a la iglesia fortaleza en un elegante coche clásico de esta empresa. Al término de la ceremonia, el convite tuvo lugar en Boiro, en el salón de banquetes Chicolino.

«Un beso y una flor»

Con tantos ases de la gastronomía presentes, apostaron por un menú en el que el marisco de primera categoría arrebató suspiros. La feliz pareja fue recibida en los jardines de Chicolino con gaiteiros y no faltó la queimada.

Aplacada la morriña, la boda finalizó de madrugada, a la luz de las bengalas, con Un beso y una flor sonando.

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