Maximino Pérez: «Enseñé a un hombre a leer para que pudiera sacarse el carné de conducir»

Dirigió la autoescuela Santa Eulalia durante casi 30 años y ahora dedica más tiempo a su faceta de escritor


Santiago / la voz

Maximino Pérez Abuín nació en Lousame, en el año 1961, aunque se vino a vivir a Santiago con solo 14 años para hacer Electrónica. Cuenta que ya por aquella época le llamaba mucho la atención el Café Casino: «Era un sitio donde no podías entrar, porque estaba reservado solamente para los socios, hasta que se abrió para todo el mundo en el 2002». Este compostelano adoptivo, que se casó y tuvo sus tres hijos en la ciudad, se deja llevar cada vez que tiene ocasión por el embrujo del establecimiento, «por donde pasaron premios Nobel, como Saramago, escribió aquí Valle-Inclán alguno de sus esperpentos y hasta Castelao tiene dibujos de este café», destaca. El empresario repara en que un escultor compostelano con su mismo nombre, Maximino Magariños, dejó también su huella allí en forma de tallas. «En la ciudad ya no quedan muchos locales como este», sentencia.

El que fue director de la autoescuela Santa Eulalia, durante casi tres décadas, hasta que Suso Vilariño cogió el relevo el año pasado, se confiesa un enamorado del casco histórico. «Me enamoró a primera vista y, por mucho que viajo por el mundo, no conocí ninguna ciudad que me guste más que Compostela», afirma.

De pequeño soñaba con ser camionero, como Antonio, quien lo subía al regazo para llegar al volante, aunque por recomendación de su padre se matriculó en el Politécnico de Santiago. Al terminar, empezó a trabajar en Televés por las mañanas. Entonces ya era un joven inquieto y se matriculó en lo que hoy es Relaciones Laborales, al tiempo que comenzó a dar clases por las tardes en la autoescuela, empresa familiar que ya vio tiempos mejores. «Llegaron a pasar por el centro 3.500 alumnos en un solo año y hoy en día andan por los 1.000», indica. «Bajó la natalidad, hay mucha más competencia y el contexto cambió mucho», continúa. Recuerda que antes, todos los lunes había fiesta en la autoescuela, cuando los aprobados llevaban hasta champán. «Lo celebraban como si hubieran sacado una oposición».

Miles de anécdotas

Entre las miles de anécdotas que atesora de esos años, dice que una de las más bonitas fue «cuando enseñé a leer a un hombre para que pudiera sacarse el carné. Era un señor ya mayor, de Teo. Se llamaba José y me contó que necesitaba conducir como fuera, porque tenía a la mujer enferma y debía llevarla al hospital. Aprobó a la quinta, pero la primera vez tuvo 8 fallos de 40 preguntas y vi que era posible». Maximino es de los que creen que «con disciplina y humildad» uno puede aprender lo que quiera.

Él se sacó el carné A1 de moto en una autoescuela de Noia con 16 años y, a los 16 días de cumplir la mayoría de edad, ya tenía el de conducir y un Renault 5 TL color verde esperándolo en casa.

Una vez terminó la primera carrera, hizo el posgrado de Comercio Internacional y dirigió, a la vez que daba clases en Santa Eulalia, la agencia de publicidad Emipubli, durante 3 años. Colaboró también como experto en transportes en la Xunta, además de licenciarse en Ciencias del Trabajo a distancia, conseguir numerosas titulaciones, ejercer en la defensa jurídica laboral y colaborar para programas de radio y televisión.

«Siempre fui un niño hiperactivo», explica sobre su extenso currículo. De hecho, su último libro, Mino, es autobiográfico y refleja esas ansias por hacer y conocer que le persiguen desde pequeño. «Ahora ando un poco más tranquilo. Sigo asesorando alguna empresa, entre ellas Santa Eulalia», señala, y ha encontrado más tiempo para la escritura.

Su primera novela fue publicada en el 2017, La historia de Laura Scott, basada en personajes reales y ambientada en las minas de San Finx (Lousame), proveedoras de wolframio para la Alemania nazi. Y, avanza, ya tiene el tercer proyecto entre manos.

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