Sin dormir por los cañonazos para jabalíes

Una familia que reside en Lousame lleva un mes sin pegar ojo por culpa de un sistema disuasorio de animales instalado en un maizal

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Noia / La Voz

Es imposible no sonreír, como mínimo, ante el pasaje de El amor en los tiempos del cólera en el que se narra como los colonos españoles lanzaban salvas periódicamente para ahuyentar esta enfermedad a base de cañonazos. Fuera de la novela de García Márquez, en Lousame lleva teniendo lugar un acontecimiento similar -solo que realmente efectivo y sin nada de gracia- desde hace un mes. Ese es el mismo período de tiempo que una familia lleva sin pegar ojo. El motivo son una serie de dispositivos disuasorios de animales instalados a lo largo de un maizal.

Se trata de unas bombonas de gas butano conectadas a una máquina y a un tubo que producen un estallido cada determinado tiempo, incluso durante la noche, y cuya finalidad es la de evitar que jabalíes, pájaros u otros animales acaben con la cosecha de maíz. «Non hai dereito a este estrondo, imaxina que estás intentando durmir e cada 20 minutos se escoita algo similar a un disparo de escopeta. Cremos que pode haber ata seis canóns», explicó la vecina afectada, del lugar de Cruído.

Por otra parte, la situación también es desesperante porque no han logrado recibir una solución ni del Concello, ni de las fuerzas de seguridad, puesto que no hay ninguna ley que impida la utilización de esta suerte de ruidosos espantapájaros que se venden en Internet a un precio medio de 200 euros, y que en algunos casos su radio de acción puede alcanzar las 4 hectáreas y su potencia oscila entre los 80 y los 120 decibelios. En Galicia, la legislación permite en el exterior un ruido máximo de 75 para casos excepcionales como discotecas y fiestas (Decreto 106/2015).

Concello y Xunta

«Nunca vira un sistema similar, pero paréceme perigoso deixar bombonas de butano no medio do millo á intemperie», destacó la mujer, visiblemente preocupada y hastiada. Cuando el hartazgo de esta vecina saltó por los aires acudió a la Guardia Civil, la semana pasada, y fue cuando desde el Seprona le indicaron que tendría que contactar con el Ayuntamiento por si se estaba incumpliendo la normativa de protección acústica. A comienzos de esta semana, la afectada comunicó al Concello el problema.

«Nós entendemos que a resposta está en mans da Guardia Civil, pero para iso é preciso que a veciña presente a pertinente denuncia, como se ten feito noutros municipios», explicó el teniente alcalde de Lousame, Ramón Martínez, destacando que «as molestias das que se queixa a veciña están xustificadas». Además, la inexistencia de Policía Local en este concello también se traduce en la carencia de un aparato medidor de decibelios.

Por otra parte, y ante la posibilidad de que se tratase de trampas colocadas en el marco de algún programa de la Xunta para controlar la población de jabalíes, desde la Consellería de Medio Ambiente precisaron que dichos mecanismos no fueron instalados por este organismo.

Se da la casualidad de que una parte de los terrenos de esta explotación agraria fueron cedidos por vecinos de las inmediaciones -incluidos los afectados- para el cultivo a cambio del consiguiente cuidado y desbroce de las parcelas, una práctica común. No obstante, desconocen la identidad del propietario del maizal.

En este sentido, la familia que lleva soportando estos hechos desde hace un mes en Cruído teme que, finalmente, exista un vacío legal que permita el empleo de este tipo de artefactos en el campo. «Hai veces que me pregunto: ¿que pasaría se me puxera eu de noite ao lado da súa a casa a pegar tiros?», sentenció irónicamente la vecina.

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