El inglés que llegó a Carnota en busca de olas y halló un paraíso para vivir

Los paisajes de la zona, entre mar y montaña, avivaron su pasión por la fotografía


ribeira / la voz

Tiene fama Carnota de ser un territorio que enamora, sobre todo a los amantes de la naturaleza, que encuentran allí la fusión perfecta entre el mar y la montaña. Confirma esta teoría Sam Ponsford (Inglaterra, 1983), a quien no es difícil encontrar, cámara en mano, inmortalizando amaneceres, anocheceres, olas, rocas, montes y hasta rostros representativos del ámbito rural y del sector pesquero. Él llegó a la zona hace una década, en busca de buenas olas en las que practicar surf. Tenía previsto quedarse un año y poner después rumbo al mar de Chile, pero halló el paraíso perfecto para vivir.

«Carnota tiene un encanto único, con la montaña al lado del mar. Es un lugar donde reina una paz increíble». Estos son algunos de los argumentos a los que alude Ponsford a la hora de explicar su decisión de convertir en su hogar el municipio coronado por el monte Pindo. «Lo que más me gustó de aquí fueron la naturaleza, la gente y la cultura», añade. Los paisajes carnotanos también avivaron su afición por la fotografía, que se ha convertido en su profesión, pese a que desembarcó en Galicia como profesor de inglés y trabajó un tiempo en una academia de Compostela.

La pasión por el objetivo le viene de su época de escalador: «Siempre llevaba la cámara para capturar las experiencias en montañas y acantilados». En Carnota apunta sobre todo hacia los paisajes marinos y hacia la gente: «Aquí los jóvenes se quieren ir a vivir a la ciudad y por eso los pueblos se están vaciando. Yo quiero plasmar la belleza que tiene la vida en el campo y en la costa, y el método de trabajo artesanal de los pescadores, algo que casi hemos perdido en Inglaterra».

De hecho, animado por los organizadores de la Mostra de Cinema Internacional Mares da Fin do Mundo que el pasado fin de semana se celebró en Outes, Sam Ponsford no dudó en enfundarse el traje de neopreno para salir a faenar con los mariscadores de la localidad: «Estuve unas tres horas en el agua con ellos, captando su forma de trabajar y sus rostros. Me gustó mucho la experiencia, porque hay muy buen ambiente entre ellos». Esas instantáneas conforman la que es la primera exposición de este carnotano de adopción, que se puede ver esos día en el Club Náutico outiense.

Difusión mundial

Desde hace tiempo, a través de la Red, muestra al mundo sus trabajos fotográficos y, con ellos, los encantos de la zona. Tiene una página web dedicada a la venta de láminas de paisajes marinos de Galicia, fundamentalmente de Carnota y su entorno. Además, sus instantáneas atraviesan fronteras a través de dos cuentas de Instagram: una enfocada a imágenes costeras y otra de fotografía documental, en la que refleja la vida en el campo y el mar. Para estas últimas instantáneas suele decantarse por el sistema analógico. Incluso se ha lanzado al mundo YouTube, con un canal en el que cuelga pequeños vídeos.

Aunque cualquier rincón de Carnota le sirve como fuente de inspiración, Quilmas es su lugar preferido para apuntar el objetivo de su cámara: «La confluencia de la playa y el monte Pindo lo convierte en un sitio perfecto». Allí ha establecido, además, su hogar, que comparte con su mujer, inglesa como él y enamorada de los paisajes carnotanos, y sus dos hijas. Sam Ponsford no duda en afirmar que ha encontrado su lugar en el mundo: «Estamos encantados de habernos establecido en Carnota. Es un paraíso. No podían haber diseñado un lugar mejor para vivir con mi familia», concluye.

En vivo. El Náutico de Outes exhibe una serie de fotos de Sam Ponsford sobre marisqueo.

En la Red. Sus láminas se pueden ver en la página web samponsfordphotography. También tiene dos cuentas en Instagram: samponsfordfotografia y timeless.rural.

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