Desalmados


Hace unos días cuando empezó a soplar con fuerza el nordeste por la comarca ya se preveían nubarrones, pero de humo negro. Las condiciones eran las idóneas para que los temidos incendios forestales volviesen a coger un protagonismo que no se merecen. Y claro, sucedió.

Los incendiarios estaban en un terreno propicio para hacer de las suyas. Lo han conseguido. Consiguieron sembrar de nuevo el terror entre los vecinos para ver su desesperación y angustia a las puertas de su casa. El fuego rondaba cerca. Las temidas llamas se hacían ver más de la cuenta, principalmente de noche.

Vecinos de Carnota, Ribeira y Porto do Son han sentido muy cerca el aliento del fuego. Ese temido y odiado visitante que todos los veranos se asoma a la comarca como si fuese un turista más. Los desalmados no saben el daño que hacen. Ya no solo al medio ambiente sino también a las personas. Verse uno rodeado por las llamas es muy triste pero también lo es tener que convivir durante años con un entorno ennegrecido y muerto, sin vida.

De lo que no hay duda es de que los siniestros son provocados. Esperan pacientemente agazapados hasta que el viento les es favorable. No les importa poner en peligro la integridad de las personas. Ellos a lo suyo, a destruir el monte sin importarles las consecuencias.

Ese mochilero que se vio corriendo por Carnota no consiguió sus propósitos en Mallou pero sí en Boca do Río poniendo en peligro a las personas que disfrutaban de un día de playa con su familia. Estará contento. Solo falta que la ley coja a los indeseables y les haga pasar por unas situaciones similares a la de los afectados. Seguro que se lo pensarían dos veces.

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