La fiebre del calamar

La abundancia de cefalópodo anima a los amantes de la pesca deportiva a salir masivamente a su captura

T. Longueira
Ribeira / la voz

Mucha paciencia y algunas dosis de estrategia son imprescindibles en la captura del calamar. Lo explican los pescadores deportivos, cuyo número va en aumento en Galicia. En la actualidad, la abundancia de cefalópodo está propiciando que los aficionados salgan de forma masiva, tanto por tierra como a flote. En el área de Barbanza, los más experimentados relatan que en las piedras pobrenses de O Touro, en A Ribeiriña, han llegado a juntarse en los últimos tiempos hasta una veintena de embarcaciones y frente a Boa, en Noia, una cifra incluso superior. Ostreira, el islote boirense de A Bensa o el área de Palmeira son otros puntos con gran tirón entre quienes van a flote. Sin embargo, como precisa el ribeirense José Antonio Ventoso, «dependendo de como sopre o vento diríxeste a un lugar ou a outro».

En la Costa da Morte, Malpica es la localidad que ejerce mayor reclamo. En el lugar conocido como el Martillo pueden juntarse en una noche por encima de la treintena de pescadores. También es fácil ver hileras de cañas en Brens, Corme o Laxe.

Entre quienes pescan por tierra no faltan en ocasiones las disputas, bien porque se invade demasiado espacio con las cañas, o por la ocupación de lugares sobre los que algunos aficionados creen tener derecho o que son considerados los mejores.

Este ano está a ser un dos mellores dende hai moito tempo, e por iso se afeccionou máis xente»

Aunque a nadie le gusta regresar de vacío, para muchos ir al calamar es algo más que lograr capturas: «Cóllelo cando a el lle dá a gana», sentencia José Romero. Este carpintero jubilado de Boiro, conocido como Barón, relata lo que le aconteció hace una semana: «Non me dera tempo a pousar a cana e xa collín un. Pensei que ía ser unha xornada excelente, e resulta que ese foi o único. Ás veces estas vendo que van a polo peixe e, de repente, dan media volta. Os días tristes e escuros son os mellores».

Subraya que «este ano está a ser un dos mellores dende hai moito tempo, e por iso se afeccionou máis xente».

 

Francisco Fernández, Chico
Francisco Fernández, Chico

  •  Un aficionado de salidas diarias. Conocido en Boiro como Chico, Francisco Fernández sale a diario con su embarcación, y manifiesta que cada vez hay más afición porque «a xente non quere estar encerrada e buscan novas formas de entreterse. Esta é unha boa maneira de divertirse»

Actuar con rapidez

En Ribeira, José Antonio Ventoso Mariño expresa su satisfacción por la llegada de borrascas porque favorece el movimiento de los peces: «O mar por abaixo está cheo de batume e o peixe está acamado». Explica que el cefalópodo es esquivo: «Cando ves un grupo tes que andar rápido, porque de súpeto marcha. Pode aparecer en calquera sitio».

La estrategia es importante porque hay que engañar al calamar con la potera, aunque como explica una aficionada de Boiro el cefalópodo tampoco se deja convencer fácilmente: «Suele tentar con uno o dos tentáculos y, a veces, se retira».

Todos coinciden en afirmar que cada vez es más frecuente ver a personas en tierra o en embarcaciones dedicándose a su captura, incluso en lugares en los que antes era inusual ver a gente lanzando las cañas. Quienes practican esta actividad afirman que constituye una forma de relajación, de liberar tensiones: «Ao mellor non levas nada para casa, pero é un desafogo».

Tienes que saber mover la potera para que vaya detrás de ella»

Incluso, en distintas localidades de la comarca hay grupos que quedan por la noche para pescar y, de paso, compartir un momento de esparcimiento nocturno en, ocasiones, con cena incluida.

El amanecer y la noche son los momentos idóneos, pero una boirense que comenzó yendo a los muelles y ahora lo hace por mar puntualiza: «He realizado capturas a las tres de la tarde. Tienes que saber mover la potera para que vaya detrás de ella».

Hay quien atribuye esta creciente afición tanto a la abundancia de cefalópodo que está detectándose como al hecho de que debido a la crisis sanitaria la gente decide decantarse por la práctica de actividades al aire libre. Aseguran que constituye una distracción que con la práctica acaba enganchando.

Marcelino Cadórniga: «Estou moito mellor no mar que en terra, é unha maneira de evadirte»

Con una amplia experiencia en el mundo del mar, en el que comenzó hace cuatro décadas, el aficionado de Ribeira Marcelino Cadórniga figura entre el reducido grupo de quienes prefieren el uso de la línea: «Eu quero sentir as luras nos dedos, nunca pesquei con cana». Ahora emplea poteras, aunque explica que «non acostumo utilizar a mesma máis de dous días seguidos». Sin embargo, no siempre ha sido así: «Teño ido con fanecas vivas. Capturábaas primeiro e logo ía ás luras ou aos chopos. Agora iso non se fai».

Algún imos collendo. Ata marzo son os meses fortes»

Asegura que en la actualidad existe mucha afición en la comarca. A bordo de su embarcación, una dorna, Cadórniga subraya los motivos que le llevan a salir siempre que el tiempo lo permite: «Estou moito mellor no mar que en terra, é unha maneira de evadirte. Tamén é unha actividade que che obriga a ter activa a mente. Vou ás luras e ao chopo, que se traballan de xeito diferente». Explica que este año está siendo bastante bueno: «Algún imos collendo. Ata marzo son os meses fortes».

Miguel Cambeiro: «É unha actividade que move cada vez a máis xente, e algúns desprázanse moito»

Además de ser aficionado a la pesca, el vecino de Carnota Miguel Cambeiro abrió hace un par de años en Ordes una tienda de venta de artículos para cazadores y pescadores. Su labor diaria en el negocio le ha permitido comprobar el auge: «É unha actividade que move cada vez a máis xente, e algúns desprázanse moito. Bastantes persoas que antes pescaban no río cambiaron para o mar».

Algúns van pescar a Boiro ata tres días á semana. Tamén vén mercar artigos á tenda xente que se despraza ao municipio de Muros ou a Porto do Son. O certo é que hai afeccionados que fan un importante traxecto en automóbil»

Comenta que para muchos es una forma de distraerse tras la jornada laboral: «Como se vai de noite, eu penso que iso tamén inflúe». Al tiempo, Miguel Cambeiro subraya que tiene clientes con una auténtica vocación: «Algúns van pescar a Boiro ata tres días á semana. Tamén vén mercar artigos á tenda xente que se despraza ao municipio de Muros ou a Porto do Son. O certo é que hai afeccionados que fan un importante traxecto en automóbil de xeito frecuente».

Lo que hay que saber

Los requisitos exigidos para poder dedicarse a la pesca deportiva del calamar son sencillos y, en cuanto al equipamiento, existe una amplia oferta con precios muy dispares. Los aficionados coinciden en afirmar que la elección de la potera adecuada constituye un elemento clave a la hora de tener éxito.

Trámites

Obtención de la licencia. Los aficionados deben disponer de una licencia expedida por la Xunta, cuyo coste anual ronda los cuatro euros. Puede solicitarse en cualquier época del año y actualmente existe la posibilidad de hacerlo telemáticamente.

Normativa

Cupos y restricciones. El cupo máximo de capturas es de cinco kilos por persona. Si se pesca a flote con caña, solo está permitido llevar dos por tripulante y las embarcaciones deben regresar cuando se pone el sol. Para quienes lo hacen desde tierra, la norma impide faenar en los puertos.

Equipo

Caña o línea. La caña más utilizada tiene entre 2 y 2,10 metros y el precio medio es de unos 25 euros. Pueden adquirirse con varillas luminosas, un elemento que ayuda a la hora de atraer al cefalópodo. El carrete constituye un elemento fundamental para que el hilo se deslice con fluidez. El coste de un carrete de tipo medio es de unos 30 euros. En cuanto al hilo, los de fluorocarbono son los más extendidos, tanto por su resistencia como por el hecho de que es prácticamente invisible en el agua. Aunque la caña es el elemento más utilizado para la captura del calamar, pescadores a flote con mucha experiencia se decantan por el empleo de la línea, un hilo en el que se colocan los anzuelos y se arrastra con las manos.

Los señuelos. Existe una amplia gama de poteras, incluso de fabricación artesana. Con forma de pez, tienen en su extremo posterior una corona de agujas en las que se queda prendido el calamar cuando los abraza con sus tentáculos intentando atrapar a la falsa presa. Las hay de infinidad de llamativos colores, materiales y pesos. Para atraer a los calamares, los aficionados las desplazan por el agua buscando que su movimiento se asemeje al de un pez, por eso aspectos como su flotabilidad y equilibrio son fundamentales. Salvo que se tenga la mala fortuna de perderla al quedar enganchada en las piedras o porque se rompa el hilo, pueden durar mucho tiempo. Algunos pescadores utilizan un instrumento denominado salva poteras para recuperarlas si eso ocurre. Pueden conseguirse desde 2 euros y rondar los 15. Las más extendidas cuestan entre 7 y 8 euros.

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