El calor, el fuerte viento y la sequedad reactivan a los pirómanos forestales de Boiro

En la zona de As Chans se han registrado ya ocho incendios


Ribeira / La Voz

Temperaturas altas, viento intenso y sequedad forman el cóctel perfecto para favorecer el avance de las llamas, y quienes prenden fuego lo saben. Por eso, cada vez que se dan las condiciones idóneas, los pirómanos se reactivan y saltan las alarmas en la sierra de Barbanza, donde el lunes por la noche se originó un nuevo incendio forestal provocado de forma intencionada. La amplia superficie de As Chans, en el municipio de Boiro, es arrasada periódicamente y los equipos de extinción ya han tenido que intervenir en la zona en ocho ocasiones en lo que va de año.

El incendio del lunes se localizó en Cures y arrasó 17 hectáreas, que se suman a otras diez que ardieron en marzo y otros pequeños focos como el registrado el pasado día 7 en la zona de A Figueira. En todos los casos se repite el mismo patrón: «Non falla, é matemático. Cando veñen estes días de vento e calor temos que estar alerta», explicaban en el equipo municipal de emergencias de Boiro. Xabier González, jefe del distrito forestal IV, ahonda en los aspectos comunes: «Sempre se dá a mesma casuística: moitos focos á vez, de noite, con vento...».

Añade que quien prende estos fuegos sabe bien lo que se hace, y los puntos en los que actúan los pirómanos y la época en la que lo hacen apuntan a una clara intencionalidad: «Nesa parte da serra son habituais estes lumes, que estimamos que están relacionados coa renovación de pastos para o gando, son zonas descampadas de raso. Tamén pode influír que sexa unha zona de cría de lobos, para espantalos». La razón por la que se localizan varios focos en cada incendio, explica González, es que se busca asegurar que el terreno arda, puesto que se trata de un lugar húmedo en el que muchas veces las llamas se apagan solas: «Está claro que os lumes son intencionados, e mentres non arda o que eles consideran que ten que arder, vai seguir habéndoos».

Amplia superficie

El espacio en el que suelen registrarse estos fuegos forestales abarca una amplia superficie, entre los puntos de A Portela -en la frontera de Boiro con A Pobra- y A Graña, en la zona de Cures. Son 1.500 hectáreas de monte raso en las que, en lo que va de año, podrían haberse quemado ya cerca de 70 en los ocho incendios registrados.

Aunque al no haber arbolado y estar lejos de núcleos habitados el peligro es menor, las tareas de extinción no dejan de ser complicadas, como explica el jefe del servicio de emergencias boirense: «Hai que ir con coidado porque alí bate moito o vento e o lume corre que voa». A ello se suma el hecho de que a las zonas más húmedas no pueden acceder las motobombas y el trabajo tiene que ser manual.

Por otra parte, destacar que en la madrugada del miércoles hubo un incendio forestal en el lugar lousamiano de Guiande, donde ardieron unas tres hectáreas, según apuntaron fuentes del grupo de emergencias de Boiro, que acudió al lugar a sofocar las llamas junto a varias cuadrillas de la Xunta.   

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