Ribeira / La Voz

Había temor a cómo resultaría abrir las terrazas de hostelería con la mitad de su aforo, tanto, que la mayoría de los negocios del sector en la comarca han optado por seguir cerrados hasta que se siga avanzando en la desescalada. Sin embargo, quienes se aventuraron a colocar de nuevo mesas y sillas a las puertas de sus establecimientos reconocían que el resultado había superado sus mejores expectativas: «Temos o horario de sempre, a partir das 7.00. A primeira hora non houbo moita xente, pero foise animando e bastante ben. O bo tempo tamén nos axuda», reconocía Rosa García desde su establecimiento en la Alameda noiesa.

Su caso no es único. María Fernández, que regenta uno de los dos locales que montaron sus terrazas en los jardines Valle-Inclán se expresaba en términos parecidos: «Tivemos xente toda a mañá, non contabamos con tanta. Aínda hai quen é reacio a sentarse nunha terraza, pero nós tivemos as mesas cheas». Tanto en su bar como en el de al lado, a media mañana había personas esperando a que el camarero desinfectase una mesa que había quedado libre para ocuparla. «Había muchas ganas de salir», reconocían los clientes de otra abarrotada terraza en Boiro.

Suerte dispar

Aunque la fase 1 favoreció una mayor presencia de personas en las calles, en otros sectores la suerte fue dispar. Algunos comerciantes reconocían que a la gente le cuesta todavía entrar y probarse prendas, un gesto que hasta hace dos meses era cotidiano y que ahora se encuentra con la dificultad añadida de tener que usar guantes y mascarillas. Con todo, en alguna mercería se veía una tímida cola, y en varios bazares la presencia de personas en la puerta esperando su turno era constante.

Peor pintan las cosas para los concesionarios de coches, que ayer también pudieron retomar su actividad. El noiés Toño Vidal recibió a una mujer en toda la mañana: «Veu mirar prezos». Mientras, en su taller mantienen los servicios mínimos: «Ata que se levante o confinamento e se poida circular, non vai arrancar».

«Mentres non haxa ocio, a xente non vai saír»

Después de una semana atendiendo con cita previa, Álvaro Muñiz abría ayer las puertas de su tienda en Ribeira, La Urbana, con el horario habitual. Decidió dar el paso, a pesar de que es consciente de que al comercio le costará remontar el vuelo, sobre todo mientras la hostelería no funcione a pleno rendimiento: «A expectativa non é boa, mentres non haxa ocio a xente non vai saír nin vai facer vida normal. Aquí non abre case ninguén de momento, e a xente segue recluída». Muñiz es conscientes de que la ropa no es en este momento un producto de primera necesidad: «Se pode quedar con alguén para tomar un café ou para comer, a xente vístese e prepárase, pero mentres non haxa hostalería vai seguir confinada na casa».

Sobre la primera semana de apertura con cita previa, reconoce que fue mejor de lo esperado: «Bastante ben, non é que viñera moita xente, pero a que pedía cita mercaba varias prensas, supoño que tamén como unha forma de apoiar ao comercio».

«Tivemos máis xente que calquera outro día»

Solo tres locales abrieron sus terrazas en Mazaricos. Dos en Pino de Val y otro, el Bar Rial, en Eirón, un núcleo que apenas cuenta con 65 vecinos que ayer no quisieron perderse la reapertura de su único bar. «Veu xente da parroquia, pero tamén de fóra. De feito, non fun xantar ata as cinco da tarde porque tivemos bastante clientela. Temos a sorte de ter unha terraza bastante grande e iso axúdanos. Tivemos máis xente que calquera outro día», explica Sonia Barreiro, que reconoce, sin embargo, cambios importantes en la dinámica de funcionamiento del local. «Separamos moito máis as mesas do que estaban e restrinximos a entrada só para ir aos servizos. É obrigatorio lavar as mans con xel hidroalcólico —tienen cuatro dispensadores— ao entrar e ao saír e despois nós desinfectamos. É algo máis traballoso, pero todas as precaucións son poucas», comenta la hostelera que destaca el excelente comportamiento de los clientes al respetar estas normas.

«Andamos aínda un pouco perdidos»

La desescalada es compleja para todos, pero medidas de seguridad como el uso de mascarillas complican especialmente la situación a las ópticas. En Boiro, Rubén Casais reconocía ayer que eso puede ser un problema: «Probar gafas con máscara é un lío, a xente non ve como lle queda a gafa e algún cliente xa protestou». Confía en que, poco a poco, la gente se vaya acostumbrando, y explica que también ellos se están adaptando: «Acabamos de abrir, andamos aínda un pouco perdidos».

Aunque en la fase 1 ya está permitido acceder a los comercios sin cita previa, en su caso exigen este requisito, no solo para las revisiones, también para comprarse unas gafas de sol: «Hai unha serie de protocolos que temos que cumprir entre cliente e cliente». Por ejemplo, deben desinfectar las gafas que se pruebe cualquiera que entre por la puerta, y no es tarea sencilla: «Non podemos usar produtos químicos, utilizamos auga e xabón ata que nos cheguen as lámpadas ultravioleta».

«Levamos aquí desde o 2011 e pensamos seguir»

Con confianza y optimismo afronta el futuro próximo el hostelero rianxeiro Perfecto Gómez. Su Furancho estuvo funcionando durante la cuarentena preparando comida para llevar y ayer abrió también la terraza: «Deixáronnos ampliar máis espazo na terraza e a xente aínda se animou». Con el personal en ERTE, las raciones a domicilio les sirvieron para aguantar: «Saíu comida para afrontar os gastos, porque non recibimos practicamente nada». También se han estado preparando para la reapertura, con mamparas en la barra, reducción del aforo en el interior del local, máquina de ozono para desinfectar, cartas digitalizadas con códigos QR y zonas de entrada y salida para que los clientes usen el baño. Después de tanto trabajo, Perfecto se muestra animado: «Nós afrontámolo con optimismo. Levamos aquí desde o 2011 e pensamos seguir». En ello pone todo su empeño, y lanza un mensaje a sus vecinos: «Confianza, esperanza e ánimo a todos, é o que nos fai falta para saír disto».

«La situación va a mejorar muy poco a poco»

Miguen Ángel Lado y su madre, María Dolores Cadillo, tienen asumido que su sector, el de la joyería, será de los últimos en recuperarse de esta crisis. Ayer reabrieron sus puertas en A Pobra un poco a la expectativa de los acontecimientos: «Esto está tranquilo del todo, ni siquiera se ve gente por la calle. Si los bares no abren, la gente no va a salir ni va a venir aquí, como mucho vendrán a cambiarle la pila a un reloj». Con todo, ayer recibieron los primeros clientes y tienen un protocolo para prevenir contagios: «Procuramos ser nosotros los que toquemos las piezas en todo momento, y si alguien se prueba alguna, la desinfectamos al acabar».

En las últimas semanas no les ha faltado trabajo limpiando en profundidad la joyería y preparándolo todo para la reapertura con todas las medidas de seguridad. Ahora confían en que todo se vaya normalizando con el paso del tiempo: «La situación va a mejorar muy poco a poco, va a estar todo muy parado las próximas semanas».

«O comercio, eu penso que se vai ir animando»

Tras un par de horas con las puertas abiertas después de casi dos meses de confinamiento, Marisa Outeiral podía constatar que «a xente medo a probar e a mercar non ten». Es más, a algunos aún les cuesta aplicar las medidas de seguridad. Ayer a media mañana, reconocía que de momento la clientela no se había animado demasiado a comprar, pero tímidamente empezaba a adentrarse de nuevo en las tiendas: «Acabamos de abrir, e polo menos a xente entra, pregunta... O comercio eu penso que se vai ir animando». Eso espera ella, que de momento solo ha abierto una de las tres tiendas que tienen en la comarca.

«Fixemos un ERTE e agora queremos ir tanteando, vendo como facemos e como responde a xente. Logo miraremos se abrir as outras tendas e se o facemos con normalidade ou cun horario reducido», explicaba Marisa Outeiral, que confía en que en los próximos días la situación vaya mejorando: «Ao mellor ao longo da semana xa vemos algún avance».

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Terrazas llenas en el arranque de la fase 1