Moncho volvió en primavera para no marcharse más de Lampón

Consideraba Peralto un paraíso de salud y sus restos descansan cerca


RIBEIRA / LA VOZ

El bum de la construcción fue también un bum de nuevos vecinos en localidades como Escarabote. A ella, a Peralto, arribaron Ramón Martí y su familia a una segunda vivienda que Moncho acabaría elevando a primera por orden de donde se sentía más a gusto. Era llegar la primavera y aparecer él, ayudado por su bastón y acompañado por su inseparable «irmán» Lolo, bajando la cuesta que lleva al Don Paquito, o ya sentado en un taburete en el interior, donde hablaba con unos y otros, porque él formaba parte de esa bien avenida comunidad, a orillas del río Coroño, donde las horas parecen minutos y los meses días.

Por eso Moncho procuraba alargar su estancia hasta bien entrado el otoño y también porque Peralto era para él un paraíso de salud, como reconocía al explicar su apego a una parroquia en la que incluso adquirió hace unos años unos panteones para descansar eternamente, en uno de los cuales reposan sus restos desde ayer. Originario de Mera-Oleiros, su profesión le llevó a recorrer España ocupando cargos de alta dirección, hasta que se asentó en Ourense, donde nacieron sus dos hijas, para posteriormente descubrir Boiro y compartir amistad y barcelonismo, sin renunciar a su Dépor del alma, con todo aquel que se sentara a su lado.

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