Amalia, panadera de Cabo de Cruz: «Miras en el horno y es para llorar»

Si complicada es la situación para las panaderías que cuentan con despacho, para los negocios que limitan su actividad al reparto a domicilio las cosas pintan incluso peor.


Ribeira / la voz

Si complicada es la situación para las panaderías que cuentan con despacho, para los negocios que limitan su actividad al reparto a domicilio las cosas pintan incluso peor. Lo cuenta Amalia, boirense que estos días se desespera haciendo números para tratar de salir adelante: «Nosotros nos manteníamos con las ventas a la hostelería y ahora está todo parado. Vivimos con lo que repartimos en las aldeas, porque en el casco urbano la gente ya no compra pan, lo coge en el supermercado».

En consecuencia, el descenso de la producción en su obrador de Cabo de Cruz es más que notable: «Miras en el horno y es para llorar. La producción ha bajado como mínimo un 60 %, así es imposible mantener los sueldos, no pagas a los proveedores, los gastos... Este coche hace 100 kilómetros al día con el reparto».

La furgoneta que conduce Amalia llega hasta los núcleos más apartados del centro de Boiro, lo que en estos tiempos de crisis sanitaria supone un trabajo añadido. «Yo ya no entro en el obrador porque soy la que está en contacto con la gente, así que no entro en el horno hasta que me ducho y tengo el coche desinfectado», cuenta, y explica las precauciones que toma para minimizar el riesgo de contagio: «Desinfecto todo, las cestas del pan, el dinero, las bolsas...». Por supuesto, lleva guantes y mascarilla, y aún así hay casas en las que no le abren ni la puerta.

Con respecto a cómo acabará todo esto, no es optimista: «De aquí a 30 días vamos a quedarnos muchos por el camino».

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