Marcelino Sánchez Pose: El hombre de la escalera

Le sobrevino la muerte accidental trabajando, que era su deporte


RIBEIRA / LA VOZ

En aquel pequeño Boiro, los diablillos diferenciábamos a los mayores por su oficio o herramienta. Había varios Marcelinos, y entre ellos estaba el de la escalera, que era aquel que, cuando se iba la luz y nuestra madre nos mandaba ir a la de Allo, a la electra, para avisar de la incidencia, al poco llegaba él con aquella pequeña estructura de madera con la que subía al contador para reemplazar el cable que una chispa había chamuscado.

Presenciábamos la operación con temor, pero siempre a la distancia que el operario nos indicaba con un «ide para alá rapases», espacio de seguridad que nuestras protectoras madres duplicaban, no fuera a ser que acabáramos como aquel empleado de Fenosa que hacía un tiempo pereciera en el transformador próximo a la iglesia.

El hombre de la escalera era Marcelino Sánchez Pose, él o su hermano Emilio, que tanto restablecían la luz como pasaban a leer el contador para expedir el recibo correspondiente.

No sé porqué tengo la impresión de que Marcelino se jubiló hace muchísimos años, ya que desde entonces no he logrado poner cara en mi memoria a nadie que hiciese su labor, tan eficaz como el cúmulo de incidencias le dejasen, pero muchísimo más que en los tiempos de los contadores ¿inteligentes?.

La imagen de Marcelino con su escalera pertenece a mi infancia, y la más próxima, circulando con su mobyllette o su matraquillo puede que hace dos días o una semana, porque me lo encontraba siempre.

Me dicen que para él, el trabajo era su deporte: podaba viñas, cosechaba vino, plantaba patatas... hacía de todo, y le sobrevino la muerte accidental en el monte, trabajando con las botas puestas, que era lo que le gustaba, ¡ah! y la partida en el San Francisco.

Desde ayer, sus restos permanecen en el tanatorio Santa Eulalia, hasta las 15.40 de hoy, que saldrán hacia la iglesia de Santiago de Lampón, donde se oficiará su funeral, para regresar al cementerio de Vista Alegre.

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