Mariposas en el estómago de los recién llegados

Los alcaldes de Boiro, Outes, Muros y Carnota se estrenaron en sus cargos


Ribeira / la voz

La jornada de ayer será inolvidable para los cuatro alcaldes de la comarca que se estrenaban en el cargo. Por primera vez, ocuparon los despachos principales de las casas consistoriales de Boiro, Outes, Muros y Carnota José Ramón Romero, Manuel González, Inés Monteagudo y Juan Manuel Saborido, respectivamente. Los cuatro estaban exultantes y nerviosos, pero también concienciados ante el reto que afrontan. Los primeros contactos fueron con el personal municipal, con el objetivo de ponerse al día cuanto antes. Y así pasaron la jornada, empapándose de papeleo y cuestiones básicas como el acondicionamiento de las playas y los accesos para el inminente inicio de la época estival.

Un no parar fue el que vivió el nuevo alcalde de Boiro. José Ramón Romero reconocía que la avalancha de información recibida en las reuniones con el personal era difícil de asimilar, así que empezó a fijar prioridades: «O máis urxente é pechar as festas de Boiro e o triatlón desta fin de semana. Temos que comezar polo máis inmediato».

Sin tiempo ni para pararse a pensar demasiado en cómo estaba viviendo el día, Romero acertaba a decir que experimentaba una sensación «extraña» mientras esperaba a que entrasen en su nuevo despacho los trabajadores del departamento de intervención para la enésima reunión de la mañana: «Hai moito por facer, máis do que eu pensaba». Junto a él estaba Luís Ruiz, llamado a ser su mano derecha durante los próximos cuatro años: «Temos que tomarlle a medida ao camión e logo arrancar». Para ello, por lo pronto, se dejan guiar por los técnicos municipales: «Non se trata de facer un curtocircuíto, iremos impoñendo o noso estilo, pero onde as cousas funcionen ben seguirán igual».

Con la mochila a cuestas

El outiense Manuel González se plantó en el Concello con su mochila, «a que uso para ir á universidade». En el despacho no tuvo tiempo para cambiar ni para poner nada y en las estanterías aún había recuerdos de Carlos López Crespo. A media mañana, una trabajadora le enseñaba a utilizar el teléfono interno, y aunque todavía estaba aterrizando, los vecinos ya empezaban a asomar por sus dependencias: «A primeira visita foi a dun veciño. Eles teñen prioridade. Xa atendín a varios máis». Alba Quintela, una de sus compañeras de lista, estaba a su lado para ayudarle.

En los pasillos, un saludo muy especial, el de la exregidora, Beatriz Molinos, y unas breves palabras: «Podemos falar un momento?». González reconoció que estaba asentándose, pero la prioridad «é atender a documentación de enriba da mesa e sobre todo os veciños». Y allí se quedaba, en la puerta de la casa consistorial hablando con unas personas que salían del Ayuntamiento.

Como una chiquilla con zapatos nuevos estaba la nueva mandataria de Muros, Inés Monteagudo. Quería que fuese algo especial y a las ocho de la mañana se plantó en el despacho de la alcaldía con un jarrón de flores para «darlle alegría». Nada más abrir la puerta, lo primero que hizo fue llamar al electricista: «Había varias luces fundidas». La alcaldesa reconoció que la dependencia que ocupará los próximos cuatro años le parece «excesivamente grande». Tras los saludos de rigor a los trabajadores de los distintos departamentos, Monteagudo estaba muy feliz porque «xa teño concertada unha voda. Unha parella viume pedir que a case. Foi a miña primeira alegría do día».

Las prioridades

La mañana también fue muy prolífica en reuniones, entre ellas con miembros de su grupo. Carmen González y Juan Martínez estuvieron en todo momento muy cerca intercambiando opiniones. Faltaba José Vázquez, pero «tamén está moi implicado».

Las prioridades son para la alcaldesa «limpar o pobo. Xa tiven unha charla co responsable da brigada de obras. Tamén hai que poñerse a limpar os areais e os camiños». En los próximos días llamará a su antecesora para que «me poña un pouco ao día e ver como están as cousas».

Otro alcalde que estaba muy contento era el de Carnota, Juan Manuel Saborido: «Durmín moi ben, pero cando viña para o Concello tiña como bolboretas no estómago, é un momento moi feliz na miña vida. É como se vivira nunha nube». Enfrentarse a la realidad no fue fácil pues su preocupación era la situación de numerosos vecinos que no pueden ser atendidos por Servizos Sociais: «Están colapsados. Non sei como imos facer, pero hai que buscarlle unha solución, os nosos maiores necesitan axuda no fogar e non se lle pode dar porque non hai recursos humanos suficientes».

Saborido apuraba sus primeras horas para conocer la mecánica municipal con los trabajadores e intercalaba las reuniones con la atención a los vecinos. También aprovechaba para organizarse con sus compañeras Merche Noceda y Sandra Fernández y repartirse la ingente tarea de gestionar un concello.

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