Ribeira / La Voz

La estampa que reflejaba esta mañana la playa de Barraña no era completamente la usual que acostumbra a mostrar durante los primeros días de junio. Si es cierto que los vecinos aprovechaban para dar un paseo y disfrutar del bello paisaje, mientras alguno descansaba sobre la toalla sin desperdiciar los primeros rayos de sol. No obstante, la presencia de un grupo de chiquillos acaparaba la atención de los curiosos. Como si se tratase de una clase al aire libre, los pequeños de los colegios boirenses de Praia Xadín y Santa Baia recibían las enseñanzas de Theresa Zabell, rostro visible y responsable de la Fundación Ecomar, entidad que en alianza con la firma Jealsa Rianxeira organizó esta primera -de un total de cinco- acción medioambiental. Se trata del proyecto Cuidamos de nuestra costa, destinado a remover conciencias y promover la educación en materia de la reducción del uso del plástico, así como de la correcta clasificación y separación de los residuos.

Tras una ilustrativa y amena charla en la que las niñas y niños demostraron que traían muy bien aprendida la lección de clase y casa, y en la que Margarita Hermo, directora de relaciones institucionales de Jealsa, animó al alumnado a que lo que aprendieron hoy no se quedase solo en sus mentes y aprovechasen para dar ejemplo; se les narró a los estudiantes el peligro ambiental que supone la existencia de cinco islas gigantes de plástico flotando a la deriva. 

Al término de la clase teórica, en la que no faltó la participación de los pequeños, cada uno recibió su par de guantes protectores, así como dosis de protección solar -«recordad que lo primero es vuestra protección», destacaba Zabell-, los escolares se dividieron en grupos y cogieron las distintas bolsas en las que depositar los desechos y se lanzaron a por los diversos restos, la gran mayoría arrastrados durante el paso de la ciclogénesis explosiva Miguel. «¡Un palo!, ¡un palo!», bromeaba al instante el equipo más veloz, parodiando el afamado anuncio televisivo.

La importancia de concienciar

«Sobre todo lo hacemos con niños, porque además de lo que recogemos lo importante es concienciar, es decir, evitar que las cosas lleguen», indicó Theresa Zabell, deteniéndose un instante a contestar a un chico que tenía dudas de donde depositar la suela de un zapato que acababa de hallar, para proseguir «esto es como si tuviéramos una bañera con goteras, podríamos estar achicando agua constantemente o repararla. Nosotros nos focalizamos en su reparación, a la vez que seguimos achicando». 

Y lo cierto es que Zabell dio en el clavo. Ambos planteamientos se mostraron igual de necesarios, al escuchar al alumnado debatiendo o recordando en que bolsa va cada tipo de residuo o al echar un pequeño vistazo a los primeros objetos que brotaron de la arena, una lista confeccionada por multitudes de útiles náuticos como restos de nasas, bateas, cordelaje. También llamaba la atención un mueble hecho jirones que un corro de cinco chiquillos arrastraba desde la lejanía y que, para sorpresa de todos, se trató de nada menos que de un sofá.

Así continuó la jornada de limpieza hasta el mediodía, cuando los chicos pararon a descansar y disfrutaron de una saludable merienda, antes de comenzar con el pesaje de unas montañas de residuos que anunciaban el resultado de un trabajo bien hecho, destinado a dar ejemplo.

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Jealsa y Ecomar llevan la concienciación ambiental a la práctica en Barraña