Suso JB, carácter hasta el último aliento

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ubo un tiempo en el que la única red social que existía era aquella que establecían las personas que vivían en una comunidad, en un pueblo, y compartían lo que tenían, lo que eran, más allá de ingeniosas palabras que buscan «me gusta» o de actitudes cobardes que se propagan por obra y gracia de la que frustrados comunicadores consideran una oportunidad para amplificar sus estupideces. En aquel tiempo, solamente algunos tenían la posibilidad de inmortalizar personas, hechos, paisajes... no como hoy, que todos nos sentimos dotados de la facultad de perpetuar secuencias para la historia, hasta que descubrimos imágenes exactamente iguales del mismo hecho multiplicadas por cien, con lo que, la que creíamos gran foto, no pasa de ser una percepción subjetiva conseguida unos centímetros más allá de la lograda por nuestro vecino. En aquellos tiempos, los fotógrafos se dedicaban casi exclusivamente a los retratos, bodas, comuniones, y cuando un periódico necesitaba una foto urgente, se las veía y deseaba para encontrar un profesional dispuesto a, por ejemplo, meterse en el mar hasta la cintura para lograr una buena imagen. Hasta que llegó uno al que conocimos como Suso JB, que era, al fin y al cabo, el nombre abreviado de Jesús (Martínez Sexto) y la denominación del estudio que abrió en la calle Principal de Boiro. Suso tenía olfato de informador y se mojaba hasta donde fuera para lograr la mejor foto, aunque por ella cobrase una mísera aportación que, a veces, ni siquiera pedía, porque para él era más satisfacción ver trabajos suyos en publicaciones gallegas o incluso nacionales. Fue así como contacté con él por primera vez, buscando una foto, y fue ahí cuando pensé que Suso debía de ser un hombre de carácter, porque solo el tono de su voz imponía, hasta que descubrías que, en realidad, era una buena persona que siempre estaba ahí para lo que necesitaras, incluso cuando pedías sus servicios en horas intempestivas. Y cuando todos nos creímos fotógrafos, cuando ya se inventaron esas redes que pueden ser de todo menos sociales, Suso dio un paso atrás, pero nunca colgó la cámara que siempre formó parte de su fisonomía, ni tampoco ese afán de mojarse por hacer el mejor trabajo, y esa forma de ser tuvo empujarle para enrolarse en la Irmandade do Cristo da Misericordia y optar al cargo de hermano mayor, hace tres años, y ocuparlo hasta ayer, hasta su último aliento, después de una fulminante enfermedad contra la que, esta vez, nada pudo hacer, tras haber superado milagrosamente otros graves problemas de salud. Hoy es su despedida, en Santiago de Lampón, a las 18.00 horas. ¡Hasta siempre, fotógrafo!

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