A Curota alberga el primer asentamiento castrexo sin fortificar conocido en Galicia

Los arqueólogos de la USC probaron que la sierra barbanzana fue explotada desde el Neolítico al siglo XX ininterrumpidamente


Ribeira / la voz

«Atrévome a dicir que este descubrimento vai levantar moita nube de po entre os arqueólogos, nestes momentos Folgoso Vello convértese nun asentamento único en Galicia, pero estamos seguros de que ten que haber moitos máis». Con estas palabras exponía el arqueólogo Carlos Rodríguez Rellán la importancia patrimonial del yacimiento, tras conocer las últimas dataciones cronológicas remitidas desde Miami. Después de tres años de investigaciones, el Grupo de Estudos para a Prehistoria do Noroeste Ibérico (GEPN) de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) ha localizado en A Pobra el primer asentamiento castrexo sin fortificar conocido en Galicia hasta la fecha.

Es decir, en el monte de A Curota se halla la primera prueba debidamente intervenida y datada del momento en el que los habitantes de los castros se expandieron fuera de los grandes núcleos amurallados. Pero no es la única suposición que se ha probado con esta investigación: «Certifícase que a serra do Barbanza estivo sendo explotada dende o Neolítico ata o século XX, dunha forma homoxénea e ininterrompidamente». Y es que este hallazgo destierra el planteamiento más extendido de que este espacio natural solo habría tenido una función funeraria.

Para entender la magnitud de estos resultados es necesario destacar la premisa con la que partían los arqueólogos. En principio, esperaban que las dataciones encuadrasen a Folgoso Vello como un curro medieval (entre el siglo IX y el XII después de Cristo), en relación con otros yacimientos similares, como el de Río Barbanza o Porto Traveso.

A milenios de distancia

«A sorpresa foi que cando mandamos a datar o carbón da fogueira chegounos unha cronoloxía do século III antes de Cristo», explicó Rellán. Cerca de dos meses más tarde, fue necesaria una segunda comprobación, por parte del laboratorio estadounidense Beta Analityc, que arrojó la misma edad del material encontrado en el interior de una estructura edificada en un curro de piedra circular con una superficie de 40 metros cuadrados.

«Sabemos con seguridade que a estrutura intervida era unha vivenda, probablemente destinada ás persoas que se ocupaban do gando e que vivían ao lado deste», destacó el doctor en Historia, para añadir que arrastraron el hándicap de no haber encontrado casi ningún vestigio en Folgoso Vello, a excepción de algunos fragmentos de cerámica.

«É certo que detectáramos cousas raras, como o grosor dos muros e a súa factura irregular. Daba a impresión de que eran mellores albaneis, de feito chegábamos a comentar en broma que tiña máis pinta de castrexo que medieval», recordó Rellán de la intervención realizada hace, exactamente, un año.

Eslabón perdido

Este es el retrato de una suerte de eslabón perdido de la arqueología gallega, que ilustra el auge de la época de los castros y el momento anterior a la llegada de los romanos. Hasta ahora solo se presuponía que debía existir un formato de núcleo más allá de los antecastros -zonas de cultivo y ganadería anexas a los poblados fortificados, pero fuera de sus parapetos-, pero Folgoso Vello evidencia la existencia de otro tipo de red de asentamientos con una función clara. En este caso se presupone que su finalidad era la explotación ganadera.

Cerrada esta fase de la investigación en la sierra barbanzana, el siguiente paso de los arqueólogos será la elaboración de informes para el público general y la publicación en revistas científicas internacionales.

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