El ave fénix que nació de una lesión

La boirense Alba Caamaño estuvo apartada dos años de la competición por unas operaciones de rodilla


ribeira / la voz

Su rodilla rompió. La única solución pasaba por el quirófano. Después de convertirse en campeona de España y de rozar el podio continental, Alba Caamaño (Boiro, 1996) vio como una lesión le cortaba el paso cuando mejor se encontraba. Su esperanza pasaba por aquella operación, pero la vida le tenía preparada una prueba de fuego. La cirugía no salió del todo bien, recayó. Volvió a pasar por el bisturí. Le esperaban dos años parada, sin patadas, sin entrenamientos. Su mundo se vino abajo. Le habían arrebatado su mayor pasión.

«Fue duro. Tenía miedo a no volver a competir», reconoce Alba Caamaño, quien esta semana regresó al tatami del Suh Sport para sentirse taekuondista de nuevo. «Le pedí que me ayudara con los entrenamientos, que se sacara el título de técnica», reconoce su mentor, un Víctor Costado que sabía que la boirense no podía estar quieta tanto tiempo.

Inmersa en la carrera de Fisioterapia, buscó tiempo debajo de las piedras para titularse a nivel nacional e internacional. «Comenzó a sentarse en la silla como entrenadora. Fue a Turquía, París y Holanda, participó en todos los Open de España. La verdad es que lo hizo muy bien. Dirigió a sus compañeros a la perfección», confiesa Costado. Su buen papel motivó que el seleccionar autonómico del equipo júnior, Modesto González, pusiera los ojos en ella.

«Estaba en clase cuando me llamó. Me ofreció pasar a formar parte del cuerpo técnico. No lo dudé. Le dije sí», reconoce la barbanzana, que, a pesar de no poder pelear sobre el tatami, comenzó a ver la luz desde la silla: «Allí se ve mejor todo lo que ocurre. Los errores, cuáles son tus bazas, dónde puedes hacer daño al rival. La verdad es que esta oportunidad me ayudó a recuperarme anímicamente».

Su seña

Quienes la conocen destacan la perseverancia como su mayor virtud. Una madurez insólita para su edad, y una máxima, el trabajo, definen a Alba Caamaño. Pocos apostaron por ella cuando empezó con 11 años en el taekuondo: «No tenía cualidades y opté por sacrificarme, quería ser campeona de España. Eso es lo que trato de enseñarles ahora a mis compañeros del club».

Con 21 años, su juventud todavía le juega malas pasadas. No es la primera vez que la confunden con una de las jóvenes a las que entrena. «En el último avión me preguntaron si iba acompañada de un adulto, que una menor de edad no podía viajar sola», confiesa entre risas».

La barbanzana apura su puesta a punto, quiere combatir en septiembre: «La cabeza va muy rápido, pero el cuerpo todavía no responde». Costado intenta rebajar la presión: «Tiene que tomarse su tiempo para estar de nuevo al 100 %». Después de dos años parada, ¿quién puede esperar para volver al tatami?

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