Ribeira / La Voz

Hay cosas que mejorar y nuevas actuaciones a la vista, pero lo que nadie puede negar es la transformación que ha sufrido en los últimos meses el curso bajo del río Coroño, un espacio oculto durante años que ahora se reivindica para los boirenses como un lugar idóneo para disfrutar del tiempo de asueto. Muchos ya han asumido una nueva rutina y recorren a diario el último tramo del paseo, ente la avenida de Compostela y Ponte Goiáns.

La mejor parte del recorrido está al principio, donde la antigua depuradora de Pozo Negro ha dejado paso a una senda peatonal, con miradores y puentes de madera, que lucen intactos y que ofrecen unas bonitas vistas del estuario del Coroño. Ayer por la mañana, eran varios los vecinos que detenían su paseo para admirarlo y observar el avance río abajo de varios jóvenes a bordo de canoas y tablas de paddle surf.

El pavimento natural que se ha utilizado para el sendero peatonal permite avanzar sin dificultad, y aunque la falta de vegetación da cierto aire desangelado a la zona, la hierba plantada a orillas del camino está comenzando a crecer. Sin duda, con estas actuaciones ese espacio, hasta ahora inutilizado, se ha revalorizado, aunque todavía queda mucho por hacer para completar el proyecto. No en vano, las nuevas pasarelas de madera conducen a un merendero mucho menos reluciente que a su vez conecta con los restaurados molinos de Ponte Goiáns. Hace una década que se rehabilitó la zona, así que el contraste con la parte que acaba de acondicionarse es más que evidente.

Mejoras necesarias

El ruido del agua al correr hacia el mar y los sauces llorones acompañan un agradable paseo por la ribera del río Coroño, salpicado, eso sí, de detalles que necesitan una actuación de mejora lo más inmediata posible. Las hierbas, especialmente ortigas, se extienden por la zona y, aunque el sendero está despejado, algunos bancos están rodeados por la vegetación. En cuanto al mobiliario urbano, aunque una pequeña parte está bien, precisa de un buen proceso de restauración.

Los paneles que indican la dirección al merendero o a los molinos son ilegibles, y una gruesa cuerda colocada a modo de pasamanos, igual que los barrotes que la sostienen, necesitan una renovación. Para colmo, la mano del hombre se hace notar en forma de basura por el suelo y restos de escombros junto al río.

Sobre las mejoras en este tramo, el alcalde boirense, Juan José Dieste, aclaró que ya está redactado un proyecto para renovar por completo las inmediaciones de los molinos que incluye desde la colocación de nuevas mesas de piedra y asadores, a la instalación de una nueva balaustrada. Ya está pedida una subvención.

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Un entorno natural que se reivindica para los boirenses