El sol ilumina un mercadillo de Boiro sobre el que se ciernen negros nubarrones

Los puestos en la feria semanal han ido menguando, algo que no pasa desapercibido para los compradores: «Isto morre»

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Ribeira / La Voz

La imagen que ayer ofrecía el mercadillo semanal de Boiro era radicalmente opuesta a la que se daba tan solo una semana antes. De un espacio desértico de puestos de venta y compradores, ayer se vivió una jornada mucho más animada. La razón del cambio no es otra que la llegada del sol y el buen tiempo, que anima a los boirenses a dar un paseo hasta la zona de Avellaneda, donde se instalan los ambulantes. Pero que nadie se lleve a engaño: «Isto morre».

Así de tajante se mostraba a media mañana una clienta habitual de los puestos del mercadillo. Se marchaba con prisas para continuar con sus quehaceres, pero comentaba la inusual actividad en la feria: «Eu adoito vir a por verdura e algunha cousa máis e o mercado vai a menos de todo. Hoxe aínda se ve xente e hai bastantes postos porque hai sol, e menos mal, pero isto morre, hai días que non hai practicamente nada». Y se sumaba a la demanda de traslado de los comerciantes ambulantes: «Eu estaría de acordo en que o cambiasen de sitio porque vir aquí a verdade é que é incómodo e na zona de arriba tes todo á man».

No es la única que opina de este modo. Mientras rebusca en un puesto de pantalones uno de su talla, una vecina de Escarabote también daba su opinión al respecto: «Mira que a min aquí o mercado quédame á man e veño andando, pero prefería que o deixaran onde estaba, porque se tes que ir á praza ou ao supermercado aquí xa non vés a nada».

Varios meses

Otra mujer reconocía que hacía varios meses que no se acercaba hasta Avellaneda un martes: «As cousas son claras, eu son de Boiro, pero no inverno non veño ata aquí abaixo a nada. Aquí vés agora con bo tempo porque se está moi ben, pero no inverno non hai nin rata».

Y eso que, al menos en lo que respecta a la oferta de productos de los vendedores ambulantes que recalan en Boiro, hay variedad y, además, gangas importantes. Uno puede encontrarse desde retales a libros y tintes para el pelo, calzado a seis y siete euros, prendas a tres y cinco euros o toallas por el mismo precio: «Cando vés sempre picas algo», reconocía una señora.

Pese a ello, hay vecinos que tienen otra teoría con respecto al evidente declive que ha experimentado la feria semanal boirense: «Se houbese cartos a xente acudía, pero como os cartos van a menos e a vida sobe é o problema. Non é pola distancia, é polos cartos», se explicaba una vecina de Escarabote, a lo que su marido añadía: «¿E logo onde ían poñer o mercado? Non vai estar no medio dos coches, e ata aquí vénse bastante ben».

En opinión de este matrimonio de septuagenarios está claro: «Aínda que lle poñan o mercado na porta da casa a xente non vai se non ten cartos».

«Nunca estivemos tan mal»

En cuanto a la opinión de los comerciantes, ayer reiteraban mayoritariamente su demanda de traslado a un emplazamiento más céntrico. Muchos llevan 20 y 30 años acudiendo a Boiro cada semana y afirman que en todo ese tiempo «nunca estivemos tan mal como estamos agora».

Pese al sol de justicia que brillaba ayer por la mañana y a que la asistencia de compradores y de puestos estaba muy por encima de la media de los últimos meses, los vendedores aseguran que la afluencia no era ni la sombra de lo que fue: «Se estiveramos arriba un día coma hoxe habería catro veces máis xente». Y, obviamente, eso influye en las ventas: «A crise afectou a todo o mundo e as vendas baixaron en todos os mercados, pero aquí se estiveramos arriba venderiamos o dobre», lamentaba Belén Vázquez.

La mitad de puestos

Toño, otro comerciante, apuntaba que la solución a la crisis que atraviesa la feria boirense es «de sentido común. Isto é un descampado, non hai nada, pero se pos o mercado onde están os bancos, a praza de abastos, os bares e as tendas a xente vai».

«A metade dos postos xa non montan no inverno», se quejaba Ana María, que tiene un negocio de plantas y acude a Boiro desde hace treinta años. «As vendas van en picado, e se hai un día con algo de vento, aínda que non chova, xa non podo montar. Eu veño desde Cuntis e non saco nin para o gasóleo».

Varios vendedores hablan de la baja de muchos ambulantes, y no esconden que les tienta hacer lo mismo: «Aguantarei o verán, pero o inverno que vén veremos». Y es que el estío les da la vida: «Moitos marcharon e eu aguanto porque teño 63 anos e a onde vou ir agora buscar outro mercado. Menos mal que vén o verán».

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