«A min gústame a aldea, ¿que lle queres? Non creo que chegase a adaptarme á cidade»


Ribeira / La Voz

Juan Antonio Blanco Martínez (Boiro, 1964) es uno de los seis vecinos que viven en la aldea boirense de Loxo de Abaixo. Cuando era solo un niño, recuerda que este núcleo estaba habitado por unas 30 personas, «pero a maior parte marchou para o centro de Boiro a abrir negocios, incluso unha parella emigrou aos Estados Unidos». No obstante, las relaciones entre los residentes actuales de Loxo de Abaixo no han desaparecido, ya que se ven a diario y se paran a charlar por las tardes.

Juan Antonio Blanco es pintor de profesión. Cada día debe desplazarse al casco urbano de Boiro y, dependiendo de la localización de la obra, puede volver a comer a casa o no. Lo explica sin ningún tipo de contrariedad, ya que él se ha criado en esta aldea de Cures y sabe muy bien cómo eran las cosas hace tres décadas. «Hai 30 anos, aquí non chegaba o pan e moito menos o butano, porque non existían os accesos e por iso marchou a xente. Sempre me lembro da miña nai coa cesta, indo a facer a compra a Comoxo», relató Blanco antes de narrar el proceso de evolución de las infraestructuras del lugar, y especialmente «da construción da ponte».

Precisamente, cuando se le pregunta a este vecino por una posible carencia de servicios, reconoce que no hay saneamiento o que el agua es de una traída vecinal y, por supuesto, que no llega Internet, «que non nos fai moita falla». De hecho, una vecina quiso contratarlo y desde la empresa suministradora le indicaron que tendría que pagar siete postes. Además, no cuentan con línea de teléfono fijo, pero en el móvil disponen de cobertura 4G.

El regreso

«A min gústame a aldea, ¿que lle queres? Non creo que chegase a adaptarme á cidade». Juan Antonio Blanco es feliz en Loxo de Abaixo, de la que subraya la tranquilidad e intimidad. Su poco tiempo de ocio lo dedica a cuidar de la huerta, las vides o pasar horas con su madre, con la que reside.

Lejos de ser pesimista con la acentuada despoblación, Blanco precisó que «xa estivemos peor que agora». Y es que, desde hace seis años, antiguos vecinos vuelven a pasar un mes a Loxo, e incluso se están rehabilitando dos hogares para quedarse.

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