El circo


Esta semana, teñida de azul y blanco por el partido de Barraña, no estuvo exenta de polémica gracias a la instalación del circo Vienna Roller en el polígono industrial de Boiro. Hace un año ya que el pleno boirense aprobó por unanimidad la moción propuesta por Boiro Novo de declarar al pueblo libre de circos con animales, pero tras las polémicas de Vilagarcía primero y Rianxo después, en donde el Vienna se amparó en un vacío en las ordenanzas que le permitía actuar en espacios privados, el «mayor espectáculo del mundo» llegó al municipio saltándose a la torera la prohibición de usar espacios públicos para promocionar su espectáculo usando las farolas del pueblo a su antojo.

Y claro, ahí surgió el conflicto. La moción presentada en su día se redactó consultando a asociaciones animalistas, por ello el empresario circense se encontró con una situación que no aguardaba. La firmeza de la corporación boirense y de Dieste terminaron por precintar el espectáculo y el empresario circense pataleó amenazando con denunciar a la edila de Boiro Novo, Dores Torrado, por dios sabe qué cosa.

He leído después en las redes sociales opiniones diversas sobre el tema. Los menos, por fortuna, se quejaban de no poder llevar a sus hijos a conocer el circo. Personalmente, no tengo nada contra trapecistas, equilibristas, magos, faquires, payasos y demás. Muy al contrario, pero sigo convencido de que debemos continuar cambiando el chip. «¿Qué será lo próximo? ¿Cerrar los zoos?», se preguntaba un ciudadano. Pues ojalá. Los animales en su espacio y nosotros en el nuestro, que ya es demasiado.

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