Un icono lleno de problemas urgentes que no tiene soluciones

El Pazo de Goiáns sigue viendo pasar el tiempo y protagonizando disputas políticas que no cristalizan en alternativas reales


RIBEIRA / LA VOZ

Lo mejor del pazo de Goiáns es que, a pesar de su estado ruinoso, sigue siendo una imagen icónica de Boiro. Y eso que, semejante joya patrimonial, solo se abre para disfrute de la sociedad barbanzana un día al año coincidiendo con el 17 de mayo. Lo peor, sin embargo, es que toda la historia que arrastra cada una de sus piedras sigue siendo motivo de trifulca política local por la sucesión de reproches cruzados que los partidos de todos los colores realizan al sostener que su propuesta para el pazo y su entorno es mejor que la de que sus adversarios, que a la vez son vecinos... No es momento de recapitular las muchas iniciativas realizadas para recuperar semejando enclave. Es la hora de buscar soluciones, pero, por ahora, nadie las tiene.

En el equipo de gobierno actual, que lleva cinco años al frente de la corporación, insisten en que se trabaja para buscar alternativas, que pueden pasar tanto por iniciativas públicas como privadas. Aunque en firme, y a día de hoy, no hay nada cerrado. Los expertos (es decir, los técnicos) sostienen desde hace tiempo que la prioridad es la instalación de un tejado nuevo que evite la formación de bolsas de agua, en invierno, por las intensas y constantes lluvias. De lograrse dar ese primer y necesario paso, luego vendrían otras obras de peso para, aunque sea, ir solucionando los problemas de forma escalonada. Otra cuestión que llama la atención, y que deja en mal lugar a las Administraciones superiores, es el incumplimiento de las obligaciones que implican algunas catalogaciones patrimoniales.

Catalogaciones

El pazo de Goiáns, apelando a la teoría, tendría que estar blindado. Un decreto de 1949 considera BIC los castillos y fortalezas nacionales, y en este apartado se incluye la torre boirense, que en su día adquirió el Concello de Boiro por nada menos que cuatro millones de euros y que hoy sigue a merced del deterioro. La realidad es que esa torre, el resto del solar o del edificio, siguen viendo pasar el tiempo igual que el monumento madrileño al que Ana Belén y Víctor Manuel le cantaban en los ochenta. Eso sí, con la diferencia de que ese es digno de visitar, aunque sea rodeándolo mientras se transita en coche.

El recinto de Goiáns está cerrado al público con buen criterio, ya que el estado de las construcciones es ruinoso. Ni el jardín se encuentra en un estado medianamente decente, y la maleza campa a sus anchas evidenciando que se está a la espera de que lleguen tiempos mejores o algún inversor con un proyecto potente que permita borrar la inacción del hombre ante semejante situación. Sobre todo si se tienen en cuenta los grandes esfuerzos que, desde siempre, se han hecho, con o sin dinero de por medio, para que el concello tenga la mejor imagen posible.

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