La velocista que esconde Lidia Parada

La campeona prepara su asalto a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 con carreras de 60 metros lisos que le sirven para desconectar


Quienes la conocen confiesan que Lidia Parada (A Pobra, 1993) es una bestia competitiva. Es por ello que la lesión que la obligó a frenar la pasada temporada supuso un golpe que le costó semanas digerir. «Estuve hundida», reconoce la barbanzana, ahora más madura y en plena preparación para su particular asalto a los Juegos Olímpicos de Tokio. Necesita una marca de 64 metros, distancia nada baladí, o meterse entre las 32 mejores lanzadoras del mundo. Un nuevo reto, el enésimo, para su carrera.

Pero mientras espera a que arranque la temporada de lanzamientos, Lidia Parada no se detiene. La pobrense ha hecho gala de su talento en la velocidad con una victoria en su casa, A Alta. Hace una semana, en Lugo, también finalizó quinta en la prueba de 60 metros lisos. «Es parte de su entrenamiento, las lanzadoras de jabalina son muy veloces. Ella entrena esta disciplina tres veces por semana y aprovechamos las competiciones como un test para saber la condición física en la que se encuentra», explica su entrenador, Lardo Moure.

«Siempre me ha gustado. Hace una semana en Lugo me noté pesada, pero este fin de semana me vi mejor. Siempre me ha gustado correr y es algo que aplico a la hora de lanzar la jabalina», comenta una Lidia Parada que tiene que exprimir esa explosividad en las pruebas internacionales: «Fuera soy una de las más pequeñas y por eso tengo que explotar mi condición física, esa velocidad que puedo aplicar a la hora de lanzar».

Todo medido

En un curso crucial para su carrera, todo está medido. «El año pasado, que solo pude competir un par de veces, las pruebas de velocidad me daban ese morbillo y me permitían sacar esa presión», explica la campeona de España. «Le sirve para desconectar de lo que es su calendario regular. El año pasado terminó cuarta del ránking gallego y, sin saber el resultado de A Pobra, seguramente ha mejorado su marca», destaca Lardo Moure.

Pero lo importante, confiesan ambos, está todavía por llegar. Tokio es la meta marcada, asumible si se tiene en cuenta que Parada ya finalizó como la 22 del mundo en la temporada del año 2018. «Si todo sale bien, estaríamos dentro de lo lógico, pero esto es deporte», dice un Lardo que explica cuáles son los pasos a dar, que comenzarán en un mes en Leiría, donde se celebrará la Copa de Europa de lanzamientos. A partir de mayo y hasta agosto, tienen previsto acudir a un mínimo de unos seis meetings internacionales. «Son importantes porque no es lo mismo competir en pruebas en España y Portugal que verte las caras con las mejores del mundo», afirma Lardo.

Ganar experiencia en la élite, ese es el plan que tienen en mente. «Se nota mucho la diferencia, porque es la gente que está en los mundiales, en los Juegos Olímpicos... Las formas son diferentes, en la pista tienes que estar concentrada al 100 %», explica Lidia Parada, quien estará también a finales de agosto en París, donde se celebrará el Europeo.

La cita nacional, en la que parte como principal favorita, es otra de las paradas. Se disputará en junio, en Getafe, y espera llegar en su mejor estado de forma. «Tenemos hasta el 13 de julio para llegar a los 64 metros, que supondría el pase directo a Tokio», explica Lardo, quien recuerda que se quedaron a un solo metro de entrar en Río de Janeiro.

El reto vuelve a estar presente, pero en un deporte como la jabalina, la experiencia es un grado a explotar. Lidia Parada llega seguramente en su mejor momento de forma, y con la ambición de lograr que este año 2020 sea uno de los que recuerde el resto de su vida.

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