El deportista que se dedicó al fútbol por amor

El pobrense continúa muy ligado al balompié, sobre el que escribe artículos y ha realizado documentales


ribeira / la voz

Fue uno de los mejores futbolistas nacidos en Barbanza. Hoy sería una de esas grandes estrellas mediáticas que están continuamente en las redes sociales y que participan en los programas futbolísticos. Y sería, además, un excelente tertuliano, porque no rehúye el enfrentamiento y, además, dice lo que piensa. Es un hombre que ama el balompié y que consiguió grandes metas. En especial, vivir y disfrutar con su práctica. La persona que responde a estas características es Ramón Allegue Martínez, Tigre Padrón (A Pobra, 1934).

La mayor parte de su carrera deportiva la vivió defendiendo la elástica del Celta, fue uno de los mejores porteros de todos los tiempos del conjunto de la ciudad olívica. Su amor por los colores del conjunto celeste comenzó de muy pequeño: «En mi casa todos eran del Celta, y yo no podía ser menos. Una pasión que me inculcó mi hermano mayor, Antonio, con el que acudí por primera vez a ver un partido. Precisamente contra el Deportivo. Con el que perdimos. Ahí dije que yo jugaría en el Celta y que le ganaría al eterno rival».

Su carrera profesional arrancó en el filial del equipo vigués tras pasar por el Cambados para dar el salto al primer equipo. Después de diez años abandonó el club, fue en 1962 «por culpa de una mala persona». Pero siguió jugando al fútbol. Su destino fue A Coruña donde estuvo dos años en casa de uno de sus grandes rivales. «Para mi era el enemigo número uno. Llegué allí y la afición me acogió con los brazos abiertos. No tengo palabras para agradecer lo que me dieron. Fue un equipo señor y nunca podré hablar mal de él». El Compostela fue su última estación, donde permaneció unos meses para «hacerle un favor a su presidente, Agustín Sixto Seco, que era el responsable y mi amigo».

Tigre Padrón tiene una memoria prodigiosa. Mira hacia atrás y relata con detalle momentos importantes de su vida.

Las primeras patadas a un balón las dio en su lugar de nacimiento, A Pobra. Sin embargo, reconoce que su infancia tuvo luces y sombras: «Fui muy feliz por los amigos que tenía. Recién acabada la Guerra Civil no fueron buenos tiempos para la familia. Había esa sombra de bandos que no me dio esa felicidad completa, aunque esa situación me dio valor para salir adelante».

Recuerda que el responsable del equipo de fútbol local le dijo al entrenador que no lo pusiera: «Eso me dolió mucho». Además, con 16 años conoció a una chica de la localidad que vivía en Vigo. Para poder verla más a menudo fichó por el Cambados: «Eso sí, para poder ir a junto ella tres veces al año y cuando sisaba algo de dinero del cajón del negocio familiar. Me convertí en futbolista para estar cerca de ella». Jugó al fútbol por amor y aquella jovencita es la mujer con la que se casó hace 64 años.

A pesar de vivir de este deporte y ser una figura, Tigre Padrón reconoce que otra de sus pasiones es el cine: «Soy un director frustrado». Quería dedicarse a este mundo e hizo algunos pinitos. Dirigió una serie para televisión, algunos documentales y escribió varios libros.

Cinéfilo empedernido

El cine ocupa un apartado importante: «Tengo unas 5.000 películas, que veo continuamente». Cuando jugaba en el Deportivo montó una tienda de deportes con Veloso y se hizo cargo del cine Principal de A Pobra de 1966 a 1970. Reconoce que fueron «los cuatro años más felices de mi vida, después de la familia, claro. Lo pasé fantástico». Durante su estancia en la villa que lo vio nacer manifiesta que se fue con la sensación de que «nunca hubo muestras de apoyo y ánimo hacia mi persona por parte de muchos vecinos».

Ramón Allegue también conoció el sabor amargo de los asesores que pululan alrededor de los futbolistas con dinero: «Al acabar en el cine me pasó lo que le ocurrió a muchos jugadores. Nos olvidamos de la realidad del mundo y nos engañaban. Me vaciaron los bolsillos».

Esa situación no le amedrentó, sino todo lo contrario. Lo hizo más fuerte. Vendió libros y artículos de automoción. «Al principio fue duro, pero salí adelante».

Ramón Allegue sigue muy ligado al fútbol. Escribe artículos, hace documentales, se reencuentra con amigos y excompañeros. Fue un portero apasionado, intuitivo y fuerte, pero sobre todo es una gran persona.

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