Una ruta diaria repleta de obstáculos

Alumnos del Fernández Varela se metieron en la piel de una persona con movilidad reducida para conocer cómo es su día a día

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Ribeira / la voz

Los niños son grandes esponjas que van almacenando toda la información que reciben y, para fijar todos estos conocimientos, nada mejor que mostrarles las cosas de forma práctica. Eso fue lo que hicieron un grupo de alumnos del colegio de educación infantil Fernández Varela de A Pobra, que hace unos días pudieron meterse en la piel de una persona con movilidad reducida y descubrir todos los obstáculos con los que se enfrenta en su día a día.

Esta actividad formaba parte de un proyecto en el que se pide la colaboración de las familias para conocer un poco mejor el municipio, y una madre llevó a su amiga, Laura Novelle, que sufre una discapacidad física y tiene que utilizar una especie de moto para desplazarse. «Como es profesora de Historia y escritora, iba a hablar un poco de Valle-Inclán, pero al final decidimos trabajar sobre las dificultades que tiene para moverse debido a las barreras arquitectónicas que existen. Y allá nos fuimos a descubrirlas», apuntó la profesora Jose Pacheco, promotora de la iniciativa.

Primero, Laura les explicó a los escolares cómo había sido su vida, y que desde pequeña, «y gracias al apoyo de otros niños, nunca me sentí diferente. Yo no podía saltar a la comba, pero sí agarrar la cuerda. Siempre me ayudaron mucho a sentirme igual que ellos», afirmó la escritora pobrense, que también reconoció que lleva años luchando por concienciar sobre todos los obstáculos que existen en los municipios y ciudades. «No podemos olvidarnos de que todos en algún momento podemos sufrir una movilidad reducida si nos rompemos una pierna, y la gente no toma conciencia hasta que le pasa. Hasta que no lo vives, no sabes lo que es».

Cafeterías y panaderías

Acompañada de los alumnos del Fernández Varela, Laura hizo un pequeño recorrido por A Pobra, donde casi todos los establecimientos de hostelería tienen escalones que impiden que pueda entrar a tomar un café, el mismo obstáculo con el que se encuentra si quiere acudir a una panadería, ferretería o comercio, donde la mayoría de las veces tiene que hacer la compra desde la calle.

Tampoco lo tiene nada fácil para llegar desde su vivienda al centro del pueblo con su scooter. «Vivo en la zona de O Areal, y como el paseo tiene todas las piedras desiguales o levantadas, más de una vez me he quedado colgada. Así que tengo que venir por la carretera, fiándome del oído para que los coches no me lleven por delante», reconoció Laura Novelle, que también valoró positivamente que se hayan adaptado algunos pasos de cebra, pero todavía quedan algunos sin arreglar. «Siempre pongo como ejemplo la ciudad de Pontevedra, que es una de las más accesibles de Galicia. Si ella pudo hacerlo, el resto también», dijo.

Reivindicación

Sin embargo, uno de los mayores escollos con los que se encuentra todos los días está en la puerta de entrada de su propio edificio, que tiene un escalón, «lo que provoca que nunca pueda salir sola de casa y necesite una persona para ayudarme a bajar el scooter».

Comunidad de vecinos y Ayuntamiento trabajan para que pueda habilitarse cuanto antes una pequeña rampa, y así permitir que cada mañana sean menos los obstáculos a los que Laura tiene que enfrentarse.

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