De un diagnóstico devastador a pedalear 430 kilómetros para visibilizar el párkinson

Ana Lorenzo Fernández
Ana Lorenzo RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

Budiño (segundo por la izquierda) y varios de los amigos que le acompañaron en esta aventura a su llegada a la plaza del Obradoiro
Budiño (segundo por la izquierda) y varios de los amigos que le acompañaron en esta aventura a su llegada a la plaza del Obradoiro

Cristóbal Budiño se subió a una bicicleta para cruzar Galicia en una semana: «Ha sido un motor para parar la enfermedad»

01 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Le falta algo, «tengo como un vacío que no sé explicar». Después de ocho meses preparando un reto que le llevó a recorrer en bici 430 kilómetros en siete días, Cristóbal Budiño (Moaña, 1980) —más conocido como Budi— se siente ahora un poco raro tras haber finalizado su aventura. Hace tres años, con 43, a este vecino de Ribeira le diagnosticaron párkinson, una noticia que le costó muchísimo digerir y que durante meses lo tuvo completamente hundido.

La bicicleta fue su salvavidas y se le ocurrió visibilizar la enfermedad recorriendo las cuatro provincias durante una semana con salida de la capital barbanzana, meta en la plaza del Obradoiro y paradas en Moaña, Beariz, Ourense, Monforte, Lugo y Melide. La experiencia «ha sido inolvidable», cumpliendo con creces sus expectativas, y eso que después de muchos meses de preparación con lo que no contaba era con que a finales de agosto estuviese lloviendo sin parar durante siete días. «Qué puntería tuvimos con las fechas —bromea—, pero de eso se trataba, de sufrir y de hacer el reto con párkinson».

Reconoce que hubo momentos muy duros, como el segundo día con un recorrido entre Moaña y A Cañiza, con 23 kilómetros seguidos de subida. «Fue una etapa que me puso en mi sitio y me sirvió para comprender que no iba a ser fácil», señala para luego reconocer que cada trazado fue mucho más exigente que todos los entrenamientos que había realizado, con subidas y bajadas constantes, «pero las piernas respondieron bien».

Además de la satisfacción por haber dado todo en el plano físico, Budi se queda con la parte más positiva de la experiencia: poder hacer esta aventura con sus amigos, «que vieran un poco como es convivir con la enfermedad. La verdad es que lo pasamos en grande. Hay gente que dice que es mejor hacerlo solo para conocerse a sí mismo, yo opino que hay que ir con gente para descubrir sus manías, que vean las tuyas, hablar, discutir, pero también reír mucho».

Y es que Budi no estuvo solo en este reto, junto al él pedaleó su cuñado y varios compañeros aficionados a las dos ruedas que se fueron turnando en las distintas etapas y con los que luego dormía en una autocaravana que les sirvió de apoyo en todo el camino. Confiesa que él iba con cierto miedo a pasar siete noches en un espacio pequeño cerrado porque no suele dormir mucho, pero el ribeirense cree que el cansancio le llevó a descansar como un bebé, salvo una noche que tuvo un pequeño bajón porque no le hacía efecto la medicación y cojeaba «un poquito».

Afortunadamente, al día siguiente fue subirse a la bici y como si nada, porque para Budi el deporte ha servido para «mantener totalmente a raya el párkinson. Yo llevo ocho meses que no estoy ni igual, ni peor; estoy mucho mejor, ha sido un motor para parar la enfermedad». Eso fue precisamente lo que le explicó a un chico que acudió a recibirlo a una etapa y que también sufre párkinson.

Aunque cada caso es diferente, él no se cansa de repetir que «estoy mejor que hace un año, porque le estoy metiendo mucha candela al cuerpo, con ejercicios de fuerza, sentadillas y mucho entrenamiento». De hecho, «ahora mismo estoy como una moto», afirma, y quiere aprovechar este buen estado de forma para seguir marcándose metas. Su cabeza no para y ya piensa en nuevos retos, por el momento no tan ambiciosos, « y serán de un día solo», pero anuncia futuras aventuras. Además, también le queda por publicar en YouTube el último capítulo de La ruta del coraje, el documental que recoge toda esta experiencia de la última semana, y que demuestra que no hay mejor medicina que el esfuerzo y miles de pedaladas.