San Xoán y la playa

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

MARCOS CREO

«Es la ventaja de hacerse mayor: cada vez miras menos el fuego y más a la gente que lo mira»

25 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Sardinas con fragancia de incendio, patatas cocidas sudorosas, mecheros que trabajan más horas de las que recomienda el convenio colectivo, sillas de playa hundiéndose en la arena como Higuaín ante la portería, garrafas de viño da casa y un buen cúmulo de madera. Mi hija observa el fuego con seriedad ministerial ante una partida presupuestaria. Yo la observo a ella. Es la ventaja de hacerse mayor: cada vez miras menos el fuego y más a la gente que lo mira.

De joven pensaba que la hoguera de San Xoán servía para quemar lo malo —los apuntes del año—. Ahora pienso otras cosas. Lo malo tiene una capacidad admirable para sobrevivir a las llamas. Uno arrojaba al fuego aquellos tochos de química orgánica, sus miedos, sus remordimientos y sus caducos anhelos. Y al día siguiente volvían a aparecer por casa, sentados en el sofá, robándote el Netflix. Lo que sí se quema y desaparece es el tiempo.

Aquella playa donde fumaste el primer pitillo furtivo es la misma en la que ahora persigues a una niña que intenta comer, con suerte, arena; sin ella, cangrejos. Las mismas olas. La misma luna. Distinta hoguera. Distinto tú.

Y mientras el fuego sube como si quisiera escapar de la tierra pienso en los San Xoanes que caben en una vida. Los que fueron ceniza y los que no han ardido. En los amigos que faltan, en los que siguen aquí. Mi hija me aprieta el dedo. Confieso que nunca he venido para quemar el pasado, solo para iluminarlo un instante. Lo justo para ver en la otra orilla quiénes fuimos, tan jóvenes y felices, sonreírles desde lejos y seguir caminando.