Nadie esperaba que en un crucero de lujo hubiese ningún problema
16 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En la primera vuelta al mundo de Magallanes, después de cruzar el océano Pacífico, el barco era un infierno, los víveres se habían agotado, el hambre apretaba y decidieron comer el cuero de vaca que protegía los palos del barco, humedeciéndolo previamente para luego asarlo. Otros problemas eran las enfermedades, como el escorbuto, por la deficiente ingesta de frutas y verduras frescas. También los marineros se veían obligados al consumo de las ratas. Las penurias a bordo de los barcos siempre fueron muchas: tempestades, ataques enemigos por las guerras o los piratas, motines, incertidumbres... Pero nadie esperaba que en un crucero de lujo hubiese ningún problema, aunque estos días vimos alguna muerte a bordo por un brote de hantavirus, hecho que provocó gran preocupación entre la población. Este virus es transmitido por las ratas, lo que recordaba la peste negra o peste bubónica que tuvo lugar durante la Baja Edad Media y que motivó miles de fallecidos.
Todo el mundo se preocupaba de poner a salvo al resto de la tripulación del crucero, el despliegue mediático fue enorme, lo que dio lugar a muchas horas de pasto televisivo, logrando que muchos televidentes lo contemplasen como si de en un reality show se tratase. La señora María era una de esas televidentes ávida de seguir todas las noticias relacionadas con el barco y recordaba cuando de jovencita pasaba mucho miedo, al no saber nadar, cuando cruzaba la ría de Muros y Noia en un barco de vapor llamado Carreto, cuyo horario se regía por las mareas.
La señora María también rezaba responsos por el muerto que iba a bordo en una cámara refrigerada del crucero, pensaba que a lo mejor era la única que lo hacía. Se acordaba de la figura mitológica de Caronte, que era el barquero encargado de llevar a los muertos al inframundo y sacarle de la boca la moneda que llevaban para así poder cobrarles sus servicios. En este caso, el pago del muerto que iba a bordo, supongo que ya estaba hecho previamente por una de las jugosas transferencias bancarias a la naviera realizadas desde diferentes países.
La señora María deseaba que los cruceristas llegasen a sus casas, a su Ítaca de descanso y los muertos del crucero encontrasen en la otra vida un mundo feliz y tan hermoso como los lugares que habían visitado durante la travesía de aquel exclusivo crucero de lujo.