A la deriva

Alicia Fernández LA CRIBA

BARBANZA

Imagen de archivo de bivalvo en la cofradía de Noia.
Imagen de archivo de bivalvo en la cofradía de Noia. MARCOS CREO

Si hay algo patrio, donde nos movemos como pez en el agua, es en la improvisación. Tenemos la agilidad mental y el ingenio necesario para ello. Pero esta virtud, que puede ser efectiva en algunas áreas como las artes, en el mundo económico suele ser fatal. Es más, aún haciendo una buena planificación no hay garantía de éxito.

El marisqueo en Galicia, como ya hemos comentado en alguna ocasión, es un claro ejemplo de ello y de persistir en la dinámica de los últimos cuarenta años, es la historia de una muerte anunciada ¡Basta ver los datos de producción!

¿Y qué se ha hecho para variar esa tendencia fatídica? Pues muy poco y sin enmarcar en un proyecto general. En un plan director del sector, una hoja de ruta fruto de un estudio riguroso de la situación, un diagnóstico y la definición de una estrategia consensuada. Que a buen seguro supondría un reto y un esfuerzo para sector y Administración, porque hay que realizar cambios de calado.

La improvisación no vale cuando —¡a estas alturas!— todos se dan cuenta de que no hay una red de criaderos de semilla. Una herramienta indispensable en las actuales circunstancias para adelantar la recuperación de los arenales. Pero es que esa infraestructura, con la inmensidad de superficie dedicada al marisqueo, es estratégica para regenerar algunas zonas improductivas o incrementar y diversificar otras todos los años.

Algo incomprensible cuando el conocimiento y la tecnología necesaria para la cría de larvas es algo que dominan los profesionales desde hace años. «Si un hombre no sabe a qué puerto navega, ningún viento le es favorable», Séneca dixit.