«En este parque caben muchas vidas sin que se crucen entre sí»
30 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Este fin de semana, mientras me colgaba en las barras de dominadas del parque Pedra Pateira, observaba a los operarios de limpieza limpiar los restos del botellón de la noche anterior. En este parque caben muchas vidas sin que se crucen entre sí. Hace muchos años éramos nosotros quienes nos sentábamos en el murillo a tomar las copas y ahora estoy aquí, agarrándome a una barra, intentando coger esa última copa que ya no existe.
Los de limpieza hicieron bien su trabajo: borraron la noche y sus vasos de plástico, los restos pegajosos de las risas y esa inclinación profundamente humana donde necesitamos que alguien venga por la mañana a recoger lo que no supimos ordenar de madrugada. A cincuenta metros, el viento agita y despereza los columpios. Llega mi hija pequeña y se monta en uno de ellos, sube y baja, en su mundo no hay vasos de plástico, ni madrugadas que se tuercen, solo esa breve fe en el vuelo.
Y, enfrente, el mar. Siempre el mar. Ancianos que se paran a mirarlo con las manos en la espalda comparten la visión con adolescentes grabando stories. Los mayores repasan su vida sin decirla en voz alta, los jóvenes la publican gritando. Es así, derrotas bien llevadas y victorias pírricas.
«Me gusta parque», dice mi hija en su idioma de escasas consonantes. A mí también. Vuelvo a las barras, al gesto absurdo de levantar mi propio peso, el parque es un gimnasio de resacas barridas al alba donde unos vamos de vuelta mientras otros empiezan. Un balcón de todos, un resumen de lo que somos en este pueblo. Y quizá de lo que somos en cualquier otro sitio.