Tristes rías

Alicia Fernández LA CRIBA

BARBANZA

MARCOS CREO

«¿De quién es la culpa? Seguro que de todos, pero a partes desiguales»

17 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Ante la situación crítica del marisqueo, que ya estaba tocado y tuvo la puntilla de un invierno con muchas precipitaciones, la Xunta de Galicia le ha servido al sector un menú pobre, con un plato a elegir. O el cese de la actividad o encomendarse a un convenio de regeneración del recurso. Otro parche más en una interminable lista de medidas cortoplacistas.

En el fondo, la Administración siempre ha visto en el sector, como en todos los demás, un enemigo; lo que explica su eterno recelo y su falta de claridad. También un potencial foco de problemas, lo que motiva su política de componendas y apaños, calmando síntomas sin resolver las causas.

En el marisqueo coincide otro factor determinante: el sector será siempre menor de edad al estar atado de pies y manos por el recurso, dependiente de la Administración. La organización sectorial, donde conviven cofradías y productores, está capada. Un hándicap insalvable para una evolución profesional de la actividad acorde a lo que demandan nuestros tiempos y los retos que plantea el mercado global.

Con esos mimbres no se pudo construir una conciencia de sector, con todo lo que ello implica a la hora del compromiso, la dedicación, asumir riesgos o planificar. Ese cuerpo sin alma, anestesiado con la merma de producción, ha perdido su esencia, no tiene expectativas y, lo más grave, ha perdido la esperanza. Solo hay que ver la tasa de abandono de la actividad.

¿De quién es la culpa? Seguro que de todos, pero a partes desiguales. La Administración se arrogó el papel de responsable último y tiene, por tanto, mucha más parte en este humillante fracaso.