Caminar por algunas zonas peatonales o aceras se parece más a una carrera con obstáculos que a un paseo
30 ago 2024 . Actualizado a las 16:20 h.La pandemia del covid implicó la adopción de normas estrictas en la hostelería, que tensaron las costuras de esta actividad. Pero también hubo otras que se hicieron más lasas para intentar contrarrestar los perjuicios económicos y dar respuesta a la demanda de los clientes. Dentro de estas, la permisividad en la instalación y ocupación de espacio para terrazas fue, sin duda, la estrella.
El tiempo pasa y deja atrás todo, incluso una situación tan extrema como ya casi inimaginable. A día de hoy, dos años después, los ayuntamientos están inmersos en recuperar el cumplimiento de las normas que afectan a este sector, en sus distintos segmentos.
Pero en lo relativo a las terrazas, se les resiste en muchos lugares. Solo hay que darse una vuelta por cualquier municipio. Caminar por algunas zonas peatonales o aceras se parece más a una carrera con obstáculos que a un paseo. Además de una ocupación excesiva del espacio, los usuarios, muchas veces, mueven fuera de su lugar las sillas o sitúan a sus lados carritos de bebés, bicicletas, mascotas,…
Se olvidan esos dueños de locales y clientes poco cívicos o irresponsables que el principal motivo de la existencia de una acera es que los peatones dispongan para su movilidad de un espacio propio y seguro. La instalación de una terraza debe respetar siempre ese primer objetivo y, de ninguna forma, puede suponer obligar a las personas a circular por la calle; con los peligros que de ello se derivan.
En segundo plano también están las cuestiones de seguridad de la instalación y el mobiliario. O incluso las estéticas, que afectan al conjunto de la calle o la zona.