Manualidades con mensaje social: «Son detalles que hago con cariño, para desconectar»

Laura Ríos RIBEIRA

BARBANZA

Silvia Rodriguez
Silvia Rodriguez Cedida

La lousamiana hace todo tipo de adornos para conmemorar fechas importantes

22 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

A veces la vida semeja una carrera de obstáculos de la que solo sale bien parado el que más agilidad tenga en las piernas. Días que se mueven en un variado paleta de grises se van sumando sin que uno ni se dé cuenta. De los más de 30 grados de agosto se pasa a los turrones, un disfraz de carnaval para una salida de fin de semana y de nuevo a preparar la hoguera de San Juan.

Por el contrario, en un año pasan muchas cosas en realidad, en algunas familias llegan y se van seres queridos o aparecen adversidades con las que nadie contaba. Muchas veces esas dificultades responden a un mal bastante común a cualquier ser humano, como puede ser una enfermedad.

Así nacen los días dedicados a determinadas dolencias, que con coloquios y apariciones en medios de comunicación, se convierten en una vía de escape y de conexión con la sociedad de todas esas personas que las otras 364 jornadas del año sufren en soledad. Para romper barreras y que todo el mundo se acuerde de las dificultades ajenas incluso más allá de un día específico, la lousamiana Silvia Rodríguez se esmera en hacer todo tipo de manualidades que regala a familiares, amigos y compañeros de trabajo.

Si bien es cierto que, por desgracia, llevar una pulsera en la mano no cura ninguna enfermedad, la lousamiana considera que este tipo de recordatorios que se llevan a la vista pueden suponer un pequeño apoyo para las personas que lo están pasando mal: «Todos tenemos a alguien cercano que lo está pasando mal, es una manera de decir que nos sensibilizamos con su situación y que le tenemos presente»

No solo hace pulseras y todo tipo de abalorios para recordar a sus allegados la importancia de luchar contra enfermedades como el cáncer, sino que también las hace en aquellas fechas del calendario que están marcadas en rojo para todo el mundo, como el 8M, o las fechas navideñas: «Son detalles que hago con cariño para desconectar».

Cuenta que los diseños y colores cambian según el evento y la época del año y que todos salen de su propia cabeza: «Creatividad pura y dura, me siento a crear y a ver qué sale, no me pongo límites. Cuando empiezo con algo no me doy cuenta de las horas».

En el trabajo

Esta manera de poner sabor a la vida se traduce en el día a día de la barbanzana, que se esfuerza junto a sus compañeros en adornar las instalaciones de la empresa en la que lleva años trabajando en el País Vasco, comunidad autónoma a la que se mudó allá por el año 2000.

La llegada de fechas señaladas como la Navidad o el Samaín son la excusa perfecta para que las oficinas cambien completamente su aspecto, tanto, que la compañía ha querido fomentar el buen rollo entre los empleados creando concursos entre las diferentes plataformas. «El año pasado quedamos terceros en toda la Península», recuerda Rodríguez.

Este esfuerzo por cuidar el vínculo con los empleados también se nota en otras actividades, como la celebración de jornadas de puertas abiertas para los familiares o talleres de manualidades para sus hijos: «El trabajo sigue siendo el que es, pero ves más sonrisas, la gente está de mejor humor».

Sobre las creaciones en las que invierte innumerables horas de su tiempo libre, la artesana piensa que lo mejor es no comercializarlas, sino dejar que sigan siendo pequeños detalles con los que alegrarle el día a alguien o señalar las citas importantes: «No quiero que la gente me pague, vivo de mi sueldo. Lo que más me gusta es ver la cara de agradecimiento y darnos un abrazo».