La integración laboral de los más vulnerables, un reto irrenunciable para Amicos

Carlos Portolés
Carlos Portolés RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

La Xunta ha renovado un año más la subvención al programa de empleo de Amicos, que ayuda a gente con dificultades

29 nov 2022 . Actualizado a las 16:04 h.

A lo largo del curso que acaba de terminar, que ha durado de noviembre de 2021 a noviembre de 2022, el programa de integración de empleo de Amicos ha prestado servicio a 380 alumnos. El 45 % de ellos ya ha encontrado empleo o se espera que lo haga en los próximos meses.

Las cifras son aún más sorpresivas si se tiene en cuenta que el de esta asociación no es un taller de empleo al uso. Amicos se centra principalmente en perfiles de personas en situación de vulnerabilidad. Desde víctimas de violencia de género, a gente en peligro de exclusión o con distintos cuadros de diversidad funcional. En la entidad tienen muy claro que lo primordial, por encima de las cifras, son los avances vitales que los participantes consiguen hacer a lo largo del programa.

Las experiencias pasadas han sido muy satisfactorias tanto para los docentes como para los participantes. En estas mismas páginas ya se han contado historias inspiradoras como la de Elisabet Casero, una madre de un niño con discapacidad que, con mucho esfuerzo y tesón, consiguió compaginar su complicada vida familiar con un trabajo a tiempo parcial. Y como ella, muchos otros encontraron la forma de salir adelante con la ayuda de Amicos.

Debido al buen desempeño en una labor tan complicada, la Xunta ha anunciado que renovará las subvenciones para el programa de empleo. La noticia ha sido recibida con entusiasmo por parte de los cinco orientadores laborales que integran el equipo y por todo el resto de colaboradores de la asociación.

Uno de estos orientadores es Keltoi Cameán. Se muestra ilusionado, pero con mucha cautela. Es consciente de los muchos retos añadidos que tendrán las iniciativas como la de Amicos en la difícil coyuntura económica actual. «Vivimos en un momento de incertidumbre en normativa laboral. Muchos de los contratos que conseguíamos eran temporales, así que ahora nos costará un poco más», admite.

Pero los obstáculos son compensados con creces por las partes más agradecidas del trabajo. El trato con personas. Sentirse con la capacidad real de ayudar a los olvidados que no encuentran ninguna mano tendida. Ninguna mirada cómplice. Ningún aliado contra sus problemas.

«Para algunas empresas, inserción laboral significa contratar, por ejemplo, a una persona con movilidad reducida en una rodilla. Es un perfil de trabajador del que vas a poder extraer una productividad muy alta. Eso está muy bien, pero yo a lo que aspiro es a que se empiece a contratar a personas con síndrome de down. Que se le de una oportunidad a los últimos».

Seguir trabajando

Cada caso es un mundo, una vida, un nombre, un rostro. No hay dos personas iguales. Por eso, la forma de trabajar no puede ser la misma con todos. Algunos llegan al programa teniendo un nivel altísimo de autonomía y predisposición, y solo necesitan un pequeño empujón. Pero con otros hay que empezar de cero, y con un solo año de formación no es suficiente.

La renovación les ha permitido trazar planes a más largo plazo. Algunos alumnos del curso pasado tendrán la oportunidad de volver a participar por segundo año. «Hay personas con una situación muy delicada con las que hay que ir construyendo confianza. Por ejemplo, hay chicos con asperger con los que antes de pensar en el empleo tenemos que tratar cuestiones básicas, como las formas de comportarse con el resto. Estos perfiles precisan un mínimo de dos años para poder ver resultados. Por eso es tan importante la renovación», explica Cameán.

Muchos de los que han participado, admiten que al principio tuvieron dudas. Estaban tan acostumbrados a no recibir la ayuda de nadie que les costaba concebir un programa diseñado exclusivamente para allanarles el camino. Pero, al finalizar, todos se deshacían en elogios hacia los orientadores y demás miembros del equipo. Incluso aquellos que salieron sin empleo consiguieron algo igual de valioso; renovar la fe en sí mismos.

«380 personas son 380 historias. Intentamos buscar los recursos formativos que necesita cada persona. Adaptarnos lo máximo posible a sus necesidades particulares», cuenta Cameán. Amicos es un lugar para los corredores de fondo. Los que saben que cuando el camino es largo y duro es cuando más hay que apretar los dientes y seguir luchando por avanzar. Y todo es más fácil cuando se tiene ayuda.