Cáritas

Ramón Ares Noal
Moncho Ares BARLOVENTO

BARBANZA

12 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Con motivo del 50 aniversario de Cáritas de Noia, acudí a los actos que organizó la entidad local, presidida actualmente por Juan Carlos Pérez Oviedo, que tuvieron lugar en la iglesia parroquial de San Martiño, una imponente joya arquitectónica que cuando uno se acerca a ella intuye semejanzas con la catedral de Santiago. Pero ese día, el viernes, lo más valioso no era el continente del inmueble, sino el contenido: personas desinteresadas que forman parte de la institución, representantes de empresas, entidades y diversos colectivos que fueron convocados por Cáritas para agradecer las aportaciones que en mayor o menor medida posibilitan su labor de ayuda a los demás.

Explicaba un representante de Cáritas su contrariedad por algunos que acuden en repetidas ocasiones a por la bolsa que la institución le entrega para hacer más llevadero su complicado día a día, y señalaba que era como un pequeño fracaso, porque lo que busca la entidad es servir de puente para que las personas necesitadas consigan valerse por sí mismas, evitando la dependencia de la caridad. Toda una paradoja en tiempos en los que se generaliza el subsidio oficial, es decir, se fomenta la dependencia.

Pero claro, una cosa es trabajar por los demás con el único afán de ayudar a familias y personas en situaciones vulnerables, y otra muy distinta es hacerlas vulnerables y dependientes del dinero público; una cosa es dar a cambio de nada, y otra dar esperando retorno aunque sea a base de votos miserables.