Emigrantes subsaharianos

BARBANZA

30 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

M i padre era blanco tostado por el sol de la mar en donde pasó la mayor parte de su vida. Cuando por primera vez emigró ilegalmente a los Estados Unidos en busca de un futuro mejor, posiblemente se vio obligado a saltar más de una valla del puerto de Newark y esconderse en algún que otro agujero hasta que viniese un conocido a prestarle ayuda. Pero mi padre era blanco y no lo mataron.

Mi tío Frank, con tan solo 17 años, también se fue a los Estados Unidos. Y mi suegro y tantos otros. Pero no mataron a ninguno de ellos porque eran blancos y no había un ejército marroquí impidiéndoles la entrada.

El pasado viernes murieron por sí mismos o rematados por la policía marroquí, 23 o 40 subsaharianos de mayoría sudanesa. Policías cual mercenarios a las órdenes de un sátrapa que actúa según las prebendas que consiga: si les damos el Sáhara español, mata a cuantos subsaharianos se le pongan por delante. Si el pago no le conviene, empuja a los hambrientos del Sahel hacia la frontera española del Tarajal para que allí se encarguen nuestros gendarmes de impedirles la entrada y tan solo se ahoguen los que estén más debilitados por la hambruna. Con los blancos no pasa lo mismo. A los de nuestra raza y sobre todo si son rubios con ojos azules, se les va buscar donde quiera que estén. Y se les facilita cuanto puedan necesitar.

Después de ver las imágenes de Melilla he tenido que vomitar. Y al saber que se les pretende enterrar en fosas comunes que ya están abiertas, para evitar que huela a podrido en la conciencia del sátrapa monarca marroquí y en las de quienes le avalan, he vuelto a vomitar.

Perdone señor Sánchez. Yo que tantas veces le he defendido y le defiendo antes y después de su hégira, le pido que no vuelva a decir que el intento de entrada a Melilla ha sido bien resuelto. Ni justifique los hechos por la inmoralidad de las mafias. Nadie se lamentaría porque aniquilasen a los mafiosos. Pero ya sabe usted —aunque no le interese decirlo por ese eufemismo que llamamos cuestión de estado— que liquidar a las mafias no resultaría rentable para los intereses de nuestro sanguinario vecino. Lo único importante es que esos negros no huelan y que Marruecos aparezca como el gran defensor del flanco Sur de Europa.

Y cuando acabe la fiesta de la OTAN, dígale de mi parte a su ministro de Interior y a la ministra de Defensa que huir de la hambruna buscando pan y bienestar no se corresponde con el término bélico de asalto a nuestra frontera. Sin darnos cuenta, ¡qué lamentablemente cerca de Trump nos acabamos de situar!

¡Ah! Y otra cosa, señor presidente; también le pido que se ahorre lo de darle el pésame a las familias de los muertos. Todavía a día de hoy no sabemos si son 23 o 40… Y lo que es peor, posiblemente nunca se sabrá la identidad de esos negros que se entierran a granel. ¿Le suena lo de las fosas comunes?