Ucranianos y saharauis

BARBANZA

SALAS

24 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Allá por 1974, un poco antes de que los españoles fuésemos vergonzosamente expulsados del Sáhara por la Marcha Verde de Hassan II, yo era residente en Villa Cisneros. Al igual que a otros colegas míos, me seducía la idea de poder comprar un Mercedes con el 30 % de descuento después de consolidados dos años de residencia. Trabajaba yo entonces como capitán de un buque factoría en el banco de pesca canario-sahariano.

Pero llegó el 14 de noviembre de 1975 y en tiempos de una lamentable y mal gobernada España, Marruecos invade el Sáhara español mientras se estaban firmando los acuerdos de Madrid. Ahí se quedan el fosfato, el Sáhara y los saharauis, y adiós a las subvenciones al PUNS; curiosamente, el único partido político autorizado en territorio español. Y Hassan II, ante la debilidad de una decrépita dictadura, se queda con un territorio que no le pertenece, acuñando la cínica frase: «Nuestros países están condenados a entenderse». Está claro que a España le pesaba más el temor a la reivindicación marroquí sobre Ceuta, Melilla y el entonces poco conocido peñasco de Perejil, que nuestros hermanos saharauis. Chantaje que Marruecos utiliza con habitual maestría.

¡Qué tiempos aquellos! Marruecos no acababa de creerse el éxito de su Marcha Verde, por la que cobardemente abandonamos a su suerte a los pobres saharauis y sus más que razonables derechos de país soberano. Tan feliz estaba el monarca que se dignó a otorgarnos licencias pesqueras por 20 años para los 1.312 barcos que faenaban en aguas que no eran ni nunca habían sido suyas. Claro que pronto llegarían las rebajas en forma de apresamientos y cuotas abusivas.

Y ahora, ante la incomprensión de esa supuesta «cuestión de Estado» que motivó la reciente e inesperada decisión tomada por España en relación al pueblo saharaui, cabe preguntarse: ¿Qué daño nos hicieron nuestros antiguos ciudadanos para no recibir, al menos, el mismo trato y consideración que le estamos prestando a la invasión de Ucrania? ¿Cuánto tardarán nuestros vecinos del sur en abrir su frontera llena de migrantes, reivindicar Ceuta y Melilla y volver a los chantajes?

Está claro que Marruecos, con el apoyo del primo USA de Zumosol, de la vecina Francia y la hegemónica Alemania, se sigue riendo de la ONU y de nosotros. A mí, aunque no haya podido comprarme el Mercedes, me quedó la satisfacción de esbozar una amarga sonrisa al ver la pintada hecha por nuestros legionarios en el fuselaje del avión que les transportaba de vuelta a España el 29 de febrero de 1976 y que, sarcásticamente, decía: ¡Viva el Frente Polisario! Ellos también interpretaban como cobardía lo que ahora nos hacen ver cuestión de Estado.