Estoy emocionado

José Vicente Domínguez
José Vicente Domínguez LATITUD 42º -34?, 8 N

BARBANZA

«Cuando creí que los bancos y sus dueños carecían de alma y de sentimientos, en uno de esos periódicos que no suelo leer casi nunca, me encontré con una noticia que me hizo pensar en las injusticias sociales que se cometen»

17 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde hace cinco días no hago más que pensar en ello. Cuando creí que los bancos y sus dueños carecían de alma y de sentimientos, en uno de esos periódicos que no suelo leer casi nunca, me encontré con una noticia que me hizo pensar en las injusticias sociales que se cometen. No en las que cometen los demás, sino en las que, de manera simplista y gratuita solemos prodigarnos algunos.

El día 11 de marzo el tiempo estaba frío. Como solemos decir los malos escritores, era viernes pero apenas llovía; pero frío sí que hacía. Me acuerdo porque teníamos puesta la calefacción a 18 grados. Y nada más ver la noticia en uno de esos periódicos que casi o nunca leo, me cayó el alma a los pies: Ana Botín acababa de anunciar que, en solidaridad con Ucrania, había bajado la calefacción de su casa a tan solo 17 grados. Y la creo. No sé si se referiría a sus mansiones santanderinas, a la de Madrid o a la de Londres, aunque, conociéndola como la conozco (¡oiga!, soy accionista del Santander), estoy seguro que la bajó en todas sus casas, incluso en las que solo vive su servidumbre…

Y así lo dijo para que quedase clarito: «Son pequeñas cosas que los consumidores podemos hacer». ¡Claro que sí! Hay que hacer pequeñas cosas y no dejarse arrastrar por acciones tales como aumentar las plantillas de personal para atender a clientes que, porque pasan frío en la calle sin poder ser atendidos, se creen los amos del mundo. Y me dirá usted; es que esos clientes tienen sus ahorros, su pensión y sus recibos domiciliados en su banco. ¡Nadie le discute eso! Es que ustedes parece que son incapaces de darse cuenta de las pequeñas cosas.

Ante tamaña muestra de solidaridad de la banquera mejor pagada del mundo, dígame usted si no es para emocionarse y cabrearse con los críticos de siempre. Es que hay mucho desagradecido. No me diga usted que, en plena y cruenta invasión de Ucrania por la Rusia de Putin, es de recibo que unos pobretones ahorradores no aplaudan el inconmensurable acto de esplendidez de la señora Botín.

Deberían darse cuenta de lo importante que son estos pequeños gestos de solidaridad (lo dijo Borrell que es de izquierdas de toda la vida). Dense ustedes cuenta que si los banqueros no ganasen dinero, no podrían bajar la calefacción de sus mansiones a 17 grados. No es tan difícil de comprender. Con la emoción de ese gesto, me faltó tiempo para bajar la calefacción de mi casa, ese grado que teníamos en exceso.