Antonio Veiras y Javier Lorenzo: Coleccionistas de árboles en miniatura

m. x. blanco RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

marcos creo

Los noieses llevan más de tres décadas convirtiendo especies autóctonas en bonsáis

09 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Son árboles y arbustos de pequeño tamaño que, a golpe de tijera de podar, adquieren originales y llamativas formas, pero detrás de los bonsáis hay un arduo trabajo, sobre todo si se crean a partir de cero. Lo saben bien Antonio Veiras y Javier Lorenzo. Estos dos noieses llevan más de tres décadas enganchados a esta técnica originaria de Japón, que aplican a especies propias de la zona. En sus colecciones hay desde robles y pinos hasta árboles frutales o plantas como la azalea, que cuidan con mimo hasta convertirlas en auténticas obras de arte.

Veiras se metió en este mundo a raíz de la llegada a sus manos de una semilla de ginkgo, una especie única que pervive desde la época de los dinosaurios, y que él rescató de los ejemplares que se conservan en el exterior del pazo de Fonseca compostelano. La plantó en la huerta de la casa de sus padres y cuando estos se trasladaron a un piso quiso conservarla, para lo que la pasó a una maceta. Así comenzó una colección a la que se fueron sumando otros muchos ejemplares, obtenidos tanto a partir de semillas como de brotes hallados en el monte.

Ahora tiene un centenar de bonsáis, algunos todavía en fase inicial, puesto que convertir un árbol en una miniatura es un largo proceso que se puede prolongar durante 10, 20 o 30 años: «A paciencia e a constancia son as claves desta técnica. Primeiro hai que ter claro que unha árbore vai tardar moito tempo en converterse nun bonsái e despois hai que estar sempre enriba deles. Os meus están á intemperie e como un día de verán, con vento de nordés, me esqueza de regalos, alá van».

También Javier Lorenzo reconoce que esta afición es «moi laboriosa». En su caso, surgió a partir de un roble que lo cautivó: «Vin que tiña unha forma tan fermosa sendo pequeniño que quixen conservalo así». Poco a poco fue incrementando su colección, hasta tener medio centenar de ejemplares. Todos son especies autóctonas: «Traballo na extinción de incendios e dóeme ver árbores que se perden. Ademais, teño claro que, antes ou despois, moitas especies van desaparecer e quero gardar polo menos unha».

Rescate de ejemplares

Aprovecha su afición para rescatar árboles que están en peligro: «Cando vou polo monte saco exemplares das pedras ou de lugares onde están condenados a unha morte segura para conservalos. Freixos, carballos, espiños bravos, escornabois, ameneiros... valen todos». Lorenzo asegura que cada especie tiene su encanto: «Polas follas ou pola forma que teñen de medrar, cada árbore é diferente». Por eso no siente predilección por ninguna de sus creaciones, aunque admite que le encantan las composiciones: «Gústame recrear nas macetas escenas con bosques e paisaxes rochosas».

La paciencia es para él una virtud imprescindible para aquellos que quieran compartir esta afición: «A árbore é a que se vai facendo a si mesma, polo que ter capacidade para esperar é fundamental». Pese a reconocer que los bonsáis son árboles delicados que requieren una atención casi constante, Javier Lorenzo asegura que su cuidado no es complicado: «É laborioso, pero non difícil». Para él, la operación más complicada es la poda, sobre todo para alguien que se está iniciando en la técnica: «Cos anos vas collendo experiencia, pero ao principio si que é complexo podar as raíces, as ramas non, porque as vas modelando ao gusto».

Coincide con esta apreciación Antonio Veiras: «A poda das raíces é complicada porque, se non se fai de forma axeitada, a árbore morre. En cambio, a da parte de arriba xa depende dos gustos de cadaquén». Después de 36 años aplicando la técnica, está especialmente satisfecho del resultado obtenido con especies como los arces, el aligustre y el pino silvestre. Sigue teniendo, eso sí, retos pendientes, entre los que enumera el arce tridente, una variedad oriental, y el camelio. Sobre este último, señala que ya intentó en el pasado obtener un bonsay, pero acabó fracasando, por lo que volverá a probar suerte.

Exposición. Antonio Veiras y Javier Lorenzo muestran estos días en la casa forestal de Baroña unos 35 bonsáis. La exposición estará abierta hasta el domingo. El viernes, ambos ofrecerán una demostración sobre la realización un árbol en miniatura.