Derecho torcido

Alicia Fernández LA CRIBA

BARBANZA

28 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Se quejan los alcaldes, se quejan los concejales, se quejan las fuerzas del orden: los ciudadanos que les han tocado en suerte son la bicha, tienen cuernos y rabo, huelen a azufre. Ellas y ellos, culmen de la perfección y esencia de virtudes, han de soportar la levedad de seres imperfectos, que pululan como zombis por la calles de sus idílicos pueblos ¿Qué han hecho para merecer tan gran castigo en vida? Se preguntan compungidas y compungidos.

Pues verán. Sean creyentes o agnósticos sepan que el ser humano -salvo ellas y ellos, claro- es la imperfección en sí mismo. Sea porque a Dios se le fue la mano con el barro y descansó con la obra a medias, sea porque descendemos de un mono, la cosa pintaba mal desde el principio. Y la evolución puede mejorar el engendro, pero no obra milagros; si no es a muchos miles de años vista, que unos cientos de generaciones apenas son un suspiro en la vetusta Tierra.

Pero si apuramos el trago, obviando incumplimientos flagrantes, responsabilidades eludidas y actitudes dudosas, decir que ellas y ellos forman parte sustancial de esa espiral; que alimentan de forma decidida con la asimetría, un elemento que gangrena toda la actividad pública.

Un ti vai facendo de libre albedrío donde se mueven con la soltura de quien no tiene ataduras. De ningún tipo ¿Por qué se permiten hechos y acciones a unos que a otros no se le permiten? ¿Por qué se tramitan unos expedientes y otros no? ¿Por qué se transige con los incumplimientos de unos y de otros no? ¿Por qué ante un mismo problema se contesta o resuelve a unos y a otros no? Pura asimetría… ¿de la mano de Dios?